🧬Alice Roberts, médica y antropóloga especializada en anatomía humana, colaboró con un equipo de médicos, zoólogos y diseñadores para crear un prototipo de un cuerpo humano optimizado y más robusto, destacando las principales debilidades evolutivas que nos hacen vulnerables en el entorno natural. El resultado fue una figura visualmente inusual, incorporando características de otras especies. Entre sus mejoras se incluyen orejas puntiagudas para una mayor movilidad y agudeza auditiva, una bolsa marsupial similar a la de los canguros para llevar a los hijos, retinas de pulpo para una visión superior, una columna vertebral de chimpancé para mayor fortaleza, piernas de avestruz para absorber mejor los impactos y una tráquea diseñada para evitar el estrangulamiento. Este innovador diseño propone una forma de cuerpo humano que supera las limitaciones impuestas por la evolución.Créditos Conocimientum
El “humano del futuro”: ciencia, arte y anatomía comparada en una escultura provocadora
Actualización 2026 – DrRamonReyesMD
La figura que observamos —frecuentemente difundida en redes como “el humano del futuro”— no es una predicción evolutiva ni una hipótesis biológica real. Se trata de una escultura conceptual creada en el marco de un proyecto divulgativo británico en el que participó la Dra. Alice Roberts, médica, anatomista y antropóloga, junto con un equipo de médicos, zoólogos, ingenieros biomédicos y artistas.
El objetivo del proyecto no fue “adivinar” cómo evolucionará la especie humana, sino responder a una pregunta pedagógica y provocadora:
¿Cómo sería el cuerpo humano si pudiéramos rediseñarlo racionalmente para corregir nuestras debilidades evolutivas?
El resultado es un modelo especulativo conocido como Future Human o Human 2.0: una anatomía híbrida que incorpora soluciones tomadas de otras especies, cada una con una justificación funcional concreta:
- Orejas móviles y puntiagudas → inspiradas en cánidos y félidos, para mejorar la direccionalidad y agudeza auditiva.
- Bolsa abdominal tipo marsupial → basada en canguros, para proteger a la cría y liberar extremidades durante el cuidado.
- Ojos con arquitectura tipo cefalópodo → referencia a retinas más eficientes en captación lumínica.
- Columna vertebral más robusta → inspirada en primates no humanos, para reducir la patología lumbar crónica.
- Piernas tipo avestruz → diseñadas para absorber impactos y mejorar la eficiencia locomotora.
- Tráquea rediseñada → orientada a disminuir el riesgo de aspiración y asfixia, una de las vulnerabilidades anatómicas humanas.
Cada rasgo señala una debilidad real del cuerpo humano: espalda frágil, rodillas propensas a lesión, parto complejo, vía aérea compartida con la digestiva, dependencia prolongada de las crías, limitaciones sensoriales. El modelo no pretende ser bello; pretende ser didáctico.
Lo que no es
Es crucial subrayarlo con rigor científico:
- No representa una trayectoria evolutiva plausible.
- No describe cómo “vamos a ser”.
- No es una hipótesis genética ni antropológica.
- No puede surgir por selección natural en ningún horizonte biológico razonable.
La evolución humana real está constreñida por:
- Herencia genética gradual.
- Presiones selectivas reales, no “diseñadas”.
- Viabilidad embrionaria.
- Obstetricia y desarrollo fetal.
- Límites biomecánicos, metabólicos y neurológicos.
Cambios tan dirigidos y complejos solo son posibles en el terreno de la ingeniería especulativa, no de la biología evolutiva.
Lo que sí es
La escultura pertenece al ámbito del arte científico y de la anatomía comparada aplicada. Funciona como una herramienta visual para comprender que:
- La evolución no optimiza; solo adapta “lo suficiente”.
- Nuestro cuerpo es un compromiso histórico entre locomoción, cerebro grande y parto viable.
- Muchas patologías modernas (lumbalgia, hernias discales, disfunciones del suelo pélvico, asfixia por atragantamiento) son el precio anatómico de nuestra historia evolutiva.
En ese sentido, el modelo tiene un alto valor divulgativo: enseña biología evolutiva sin fórmulas, mostrando que la naturaleza no diseña; parchea.
Conclusión
El “humano del futuro” no es un anuncio de lo que seremos, sino un espejo de lo que somos: una especie extraordinaria, pero anatómicamente imperfecta. La obra de Alice Roberts y su equipo no propone una profecía biológica, sino una reflexión profunda:
Si pudiéramos empezar de cero, ¿haríamos este cuerpo?
La respuesta implícita es no. Y precisamente por eso la imagen impacta: nos recuerda que la evolución no persigue la perfección, sino la supervivencia suficiente. Todo lo demás —estética, ergonomía, longevidad sin dolor— es un lujo que la naturaleza nunca prometió.

















