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Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en el blog EMS Solutions International está editada y elaborada por profesionales de la salud. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario. by Dr. Ramon REYES, MD

Dr. Ramon A. Reyes, MD

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lunes, 30 de septiembre de 2019

Nuevos PICTOGRAMAS de PELIGRO pdf

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Omega-3: La protección cardiovascular de los suplementos, en el punto de mira

Omega-3: La protección cardiovascular de los suplementos, en el punto de mira

Omega-3: La protección cardiovascular de los suplementos, en el punto de mira

Un meta análisis publicado en la revista «JAMA» cuestiona que la ingesta de suplementos de omega-3 evite el riesgo de muerte por patologías cardiovasculares. El elevado número de estudios sobre el papel de estos ácidos grasos sobre la salud genera, según la comunidad médica, confusión ante la falta de una evidencia científica clara sobre sus efectos beneficiosos 

30 Septiembre 12 - - Beatriz Muñoz
Los ácidos grasos omega-3 podrían denominarse como «el complemento para todo». En los últimos años han proliferado multitud de estudios científicos alabando las bondades de estos ácidos grasos esenciales que el organismo no puede fabricar por sí solo y que necesita obtenerlos a través de la alimentación, especialmente a través del pescado azul y de los frutos secos como las nueces. Como el ritmo de vida actual impide, en muchas ocasiones, seguir una dieta que contenga todos los nutrientes esenciales y, en particular, de omega-3, no es de extrañar el auge que han experimentado los suplementos para satisfacer estas necesidades. La inexistencia de un registro oficial impide conocer el número de envases que se comercializan debido, principalmente, a la diversidad de sitios donde se dispensan: farmacias y parafarmacias, supermercados, herbolarios... Según la consultora Nielsen, en lo que va de año se han vendido en farmacias y parafarmacias 674.181 unidades de productos con omega-3.

En entredicho

Entre los múltiples beneficios que ejercen sobre la salud, el sistema cardiovascular ocupa un lugar prioritario. Sin embargo, un meta análisis publicado en el último número de la revista «Journal of the American Medical Association» (JAMA), en el que se analizaban los resultados de cerca de 70.000 personas, se descubrió que la ingesta de los suplementos de omega-3 no se asociaba con un menor riesgo de fallecimiento por cualquier causa relacionada con la salud cardiovascular, ya fuera muerte súbita, ataque cardiaco o derrame cerebral. En concreto, de las 3.635 referencias obtenidas, se incluyeron 20 estudios y, entre los 68.680 pacientes asignados al azar, se produjeron 7.044 muertes: 3.993 muertes cardiacas, 1.150 repentinas, 1.837 ataques cardiacos y 1.490 accidentes cerebrovasculares. Evangelos Rizos, del Hospital de la Universidad de Ioánina (Grecia) y responsable de la investigación, sostiene que «el análisis no indicó ninguna asociación estadísticamente significativa con los principales resultados cardiovasculares, por lo que nuestros hallazgos no justifican el uso de ácidos grasos omega-3 en la práctica clínica diaria ni tampoco su administración en la dieta». Aun así, el equipo de Rizos reconoce que para clarificar todavía más las conclusiones habría que realizar «otro meta análisis con datos de pacientes individuales. Así, se podría averiguar si existe una posible influencia de la dosis, la adhesión del paciente al tratamiento, la ingesta base y el grupo de riesgo de enfermedad cardiovascular».
Las reacciones a esta investigación no se han hecho esperar entre la comunidad médica. El doctor Xavier Pintó Sala, jefe de Sección del Servicio de Medicina Interna y de la Unidad de Lípidos y Riesgo Vascular del Hospital Universitario de Bellvitge, en Barcelona, afirma que «los datos de este tipo de análisis agrupado de distintos estudios en los que las épocas, los métodos y los pacientes son muy diferentes pueden llevar a confusión». En concreto, continúa, «los estudios ‘‘DART’’ y ‘‘Gissi prevenzione’’ se realizaron en un número amplio de pacientes y con un seguimiento prolongado en pacientes de alto riesgo cardiovascular o que ya padecían una cardiopatía isquémica. A raíz de estos resultados, la mayoría de sociedades científicas reconocieron que los omega-3 tenían un efecto preventivo frente a la enfermedad cardiovascular, en particular en los pacientes que ya sufrían enfermedades cardiacas».

DATOS CLAROS

Quizás, el elevado número de estudios científicos en torno a este tema ha llevado, en muchas ocasiones, a la confusión. A este respecto, la doctora Elena Fernández Jarne, del departamento de Cardiología de la Clínica Universidad de Navarra, asegura que «salen muchos artículos a favor y otros en contra y no conseguimos que haya una evidencia clara del beneficio de los suplementos de omega-3». Una opinión que comparte la doctora Isabel Díaz Buschmann, jefa de Cardiología del Hospital Rey Juan Carlos de Móstoles, quien añade que «las evidencias más favorables hacia el empleo de estos suplementos se ponen ahora más en duda. A nivel experimental, los resultados que tenemos son muy prometedores porque hay mucha evidencia sobre los beneficios a muchos niveles: antioxidante, anti arrítmico, metabólico, pero los estudios que se han hecho son en poblaciones diferentes, con dosis de lo más variopintas y, posiblemente, los resultados desfavorables se dan cuando no se emplean dosis suficientes. El que no esté demostrado claramente no excluye que no sean útiles, aunque hacen falta estudios más ordenados».
En cualquier caso, los expertos coinciden en que no se deben comparar los resultados de una investigación realizada en Estados Unidos y aplicarla a pacientes españoles porque, según Fernández, «la alimentación que ellos siguen es rica en grasas saturadas, frente a la dieta mediterránea habitual en España, y en la que predominan grasas de primera calidad como el aceite de oliva».
Las actuales directrices emitidas por las principales sociedades científicas de cardiología recomiendan el uso de los ácidos grasos omega-3, ya sea en forma de suplementos o mediante asesoramiento dietético, en pacientes después de un infarto de miocardio. En concreto, la FDA (la agencia de regulación de medicamentos estadounidense) en EE UU, ha aprobado su ingesta sólo para bajar los triglicéridos en pacientes con hipertrigliceridemia. En Europa, algunas agencias nacionales de reglamentación han aprobado la administración de ácidos grasos omega-3 para disminuir el riesgo cardiovascular. A este respecto, el doctor José Ramón González-Juanatey, presidente electo de la Sociedad Española de Cardiología, afirma que «estos suplementos han demostrado su eficacia en el tratamiento de pacientes con niveles elevados de triglicéridos y, en la actualidad, las guías de práctica clínica los incluyen como una alternativa terapéutica válida a los fibratos en este grupo de pacientes». Por su parte, Díaz explica que «los pacientes con síndrome metabólico en los que no se asegure una ingesta adecuada de omega-3 en la dieta y en pacientes con niveles bajos de colesterol ‘‘bueno’’ o HDL para aumentarlo, son candidatos a tomarlos». En contraposición a esto, Fernández advierte de que «se recomiendan poco y cada vez  menos. El único caso, y siempre de forma complementaria con la medicación es en pacientes con hipertrigliceridemia, es decir, niveles altos de colesterol y triglicéridos».
Ante esta situación cabe plantearse  si el consumo de omega-3 en nuestro país cumple con las directrices marcadas por los expertos o hace falta recurrir a los suplementos. «En las personas sanas que consumen pescado al menos tres veces a la semana no hay por qué recurrir a ningún suplemento. Pero sí son necesarios en aquellos que habiendo sufrido una enfermedad cardiovascular son intolerantes o alérgicos al pescado o en las que por distintas razones no lo consumen de forma habitual. En estos casos, se recomienda el aporte de un gramo al día», sostiene Pintó. Para obtener una dosis adecuada de omega-3, continúa el experto, «hay que tomar mucho pescado azul y más todavía en el caso de las nueces. A modo de ejemplo, cien gramos de sardinas poseen un gramo de omega-3, pero la cantidad varía según la época del año y la forma de preparación». No obstante, Díaz advierte de que «no es despreciable el riesgo de ingerir metales pesados muy tóxicos cuando tomamos grandes dosis de pescado». En concreto, «los depredadores de gran tamaño, como los grandes atunes, el pez espada o el tiburón tienen una alta concentración de contaminantes, por lo que se ha desaconsejado su consumo frecuente en algunos grupos de población como las mujeres gestantes», dice Pintó.
Conviene aclarar que no todos los suplementos que se comercializan están exentos de posibles contaminantes. «Hay que optar por aquellos que ofrezcan las máximas garantías de control de sanitario y de calidad», sostiene González-Juanatey. Y es que, como sugiere Pintó, «no todos ofrecen la misma concentración de omega-3, algunos mezclan distintos tipos de ácidos grasas, otros no cuentan con la garantía de estar libres de contaminantes, aunque sí existen lo que poseen una alta concentración y pureza y que carecen de riesgo alguno para la salud».

En el propio producto

En los últimos años ha aumentado la presencia de galletas, leche, yogures e, incluso, aceitunas que poseen omega-3 en su composición. Para el doctor Esteban Jódar, jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Universitario Quirón Madrid, «si se alcanzan los requerimiento de 1,1 a 1,6 gramos al día no sería necesario aumentar su ingesta, aunque los requerimientos  diarios bastan para alcanzar una cantidad suficiente en el 95,5 por ciento de la población». Un informe elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) a principios de 2011, revela que las bebidas lácteas copan el 65 por ciento del mercado de productos enriquecidos en omega-3 y, aunque cumplen con la normativa para alegar los beneficios sobre la salud, son mucho más caros que los que no están enriquecidos.

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domingo, 29 de septiembre de 2019

Agujas Modernas ¿Cómo nació la aguja moderna y cómo se diferencia a los terribles métodos que se usaban antes para poner inyecciones? Redacción BBC News Mundo


Las filudas puntas de las agujas hipodérmicas despiertan temor y ataques de pánico desde que se inventaron en el siglo XIX.

A pesar de ser muy útiles —ya sea con la extracción de líquidos o para inyectar sustancias en nuestro organismo— su apariencia resulta amenazante para muchos de nosotros.

La tripanofobia (la fobia a las inyecciones) hace que muchas personas lo pasen realmente mal a la hora de hacerse un análisis de sangre o de ponerse una vacuna.
Si las agujas de ahora te dan miedo, imagina cómo ponían las vacunas en el siglo XIX, la época de la que data este dibujo.

¿Cómo funcionan las vacunas y por qué cada vez hay más personas que no creen en ellas?
Sin embargo, las jeringas no nacieron como un instrumento de tortura... todo lo contrario.

Son herramientas médicas que se han vuelto indispensables para doctores, enfermeros y dentistas, y algunos pacientes —como las personas diabéticas— incluso tienen que aprender a utilizarlas ellos mismos para sus tratamientos. 

"Una manera era explotar los recursos naturales del cuerpo introduciendo y extrayendo material a través de la boca y de todos los demás orificios", le contó a la BBC Ken Arnold, de la Wellcome Collection, un museo y biblioteca de medicina y salud de Londres, Reino Unido.
Y en el XVIII todavía ni existían las agujas...

Cómo la tecnología puede ayudar a que los niños le pierdan el miedo a ir al médico
Para eso se usaban jeringas, aunque no eran como las de ahora.

Arnold dice que antiguamente se usaban huesos de pájaros a las que unían a vejigas de animales pequeños para fabricarlas.

Las agujas, el complemento perfecto de las jeringas, llegarían mucho después...

Primero fue creada la jeringa
La palabra "jeringa" proviene de la mitología griega, de la historia de la ninfa Siringa.

Resulta que un día, cuando estaba huyendo del dios Pan, la ninfa Siringa, quien era muy casta, llegó al borde de un río. Para protegerse se convirtió mágicamente en cañaveral.

Pan no se dio por vencido: cortó las cañas huecas y empezó a soplarlas, creando un silbido musical. Esa fue la primera de sus legendarias pipas.

Interactivo: ¿cuánto confían en las vacunas en tu país?
Tomando ese concepto de "tubos huecos", y habiendo observado cómo las serpientes podían inyectar veneno con sus colmillos también huecos, la práctica de administrar ungüentos y unciones a través de jeringas de pistón simples fue descrita originalmente por el erudito romano del siglo I Aulus Cornelius Celsus y por el célebre cirujano griego Galeno.
Blaise Pascal inventó la precursora para la jeringa usada en la medicina moderna.

No se sabe con seguridad si el oftalmólogo egipcio Ammar ibn Ali al-Mawsili se basó en esos escritos, pero 800 años más tarde empleó un tubo de vidrio hueco y la succión para eliminar las cataratas de los ojos de sus pacientes, una técnica que fue copiada hasta el siglo XIII para extraer sangre, fluidos y veneno.

Más tarde, en la década de 1650, el matemático francés Blaise Pascal inventó la primera jeringuilla moderna.

Seis años después, el arquitecto inglés Christopher Wren, cuya obra maestra fue la Catedral San Pablo de Londres, se inspiró en la idea de Pascal para hacer el primer experimento intravenoso.

Todavía no existían las agujas... así que usó los recursos que tenía a mano.

Combinando plumas de ganso huecas, vejigas de cerdo y la cantidad suficiente de opio como para tumbar a un elefante, Wren le inyectó vino y cerveza inglesa a perros callejeros.

Usó las plumas a modo de tubo, biseladas en un extremo, y ató en el extremo opuesto la vejiga, donde depositó las sustancias.

Poco después, dos médicos alemanes, Johann Daniel Major y Johann Sigismund Elsholtz, trataron de inyectar varias sustancias a personas, causándoles la muerte. 
Las agujas de antes no eran como las de ahora. Esta fue la que inventó el físico irlandés Dr. Francis Rynd hacia 1845.

La llegada de la aguja
Por eso hasta 200 años más tarde no se experimentó de nuevo con las inyecciones.

Fue entonces cuando el médico irlandés Francis Rynd entró en escena. Era el año 1845.

Rynd hizo la primera aguja de acero hueca. La usó para inyectar medicina por vía subcutánea. Al menos, eso fue lo que escribió en la revista médica Dublin Medical Press.
Y aquí la jeringa de Rynd a color.

En 1853, el físico francés Charles Pravaz usó el sistema para frenar el sangrado en una oveja administrándole un coagulante con la que sería la primera aguja hipodérmica.

Dos años más tarde, el cirujano escocés Alexander Wood puso la aguja en una jeringa para inyectarle morfina a un humano.

Investigó este tema con la idea de aliviarle a su esposa los dolores de la neuralgia, una enfermedad que provoca un dolor agudo en la cara.
Pravaz usó un aparato como este.

Un reto tecnológico
Las inyecciones intravenosas comenzaron a ser una práctica habitual para administrar calmantes, insulina, vacunas y para hacer transfusiones de sangre.

Las agujas se habían convertido en un elemento fundamental de la medicina.

Puede que parecieran muy finas y un gran avance, pero desde nuestra perspectiva (actual) se ven espantosamente grandes", le dijo a la BBC un cirujano del Real Colegio de Londres.

"Sin duda, parecían causar bastante daño".

El especialista del Real Colegio de Cirujanos de Londres le dijo a la BBC que una de las cuestiones principales en el desarrollo de las agujas fue el avance tecnológico, que permitió afinarlas más y más, hasta lograr el grosor de un pelo humano.

Hacer agujas más finas y que causaran menos dolor fue un reto tecnológico que se logró a lo largo del siglo que siguió perfeccionando lo que ya existía.

Desde el principio, se hicieron de acero y se fabricaban para ser lo más finas posibles, pero al mismo tiempo tenían que ser huecas: un largo y delgado tubo con una punta puntiaguda y la otra, diseñada de manera que encajara en la jeringa.
Algunas agujas, como las que se usan en acupuntura, son tan finas como un pelo humano.

Pocos imaginaban que su uso sería tan extendido.

Hacia 1946, la cristalería Chance Brothers and Company, en Birmingham, Reino Unido, comenzó a producir en masa la primera jeringa de vidrio con piezas intercambiables.

Hubo problemas de contagios, pese a que se esterilizaban tras cada uso, y el farmacéutico e inventor neozelandés Colin Murdoch pidió una patente para crear una jeringa de plástico desechable.

Al principio desestimaron su idea pero después se vendería en todo el mundo.

Hoy, seguimos usando jerinas desechables, aunque la medicina ha evolucionado tanto que incluso se pueden poner inyecciones sin agujas, a través de parches y otros sistemas novedosos.
Las agujas hipodérmicas han evolucionado con los años (y seguirán haciéndolo).

El revolucionario parche para los que tienen temor de las agujas de las inyecciones
Sin embargo, todavía estamos lejos de vivir en un mundo en el que la medicina no necesite de agujas, aunque si te dan miedo tal vez te sirva de consuelo saber que sin ellas tu agonía sería aún mayor.

Para elaborar este artículo se usaron entrevistas del programa de radio Tools of the Trade (herramientas del comercio), de BBC World Service.





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