Cañón
Dentro de un cañón de la Real Armada: hierro, pólvora y disciplina en la guerra naval del siglo XVIII
Por DrRamonReyesMD
Historia naval y divulgación | Octubre de 2026
En la penumbra de una batería naval, el combate se percibía con todo el cuerpo. El humo dificultaba la visión, las detonaciones ahogaban las órdenes y el movimiento del buque alteraba continuamente el escenario. Entre cabos, cureñas y hombres concentrados en sus funciones, cada disparo dependía de una coordinación que el cine rara vez consigue representar.
El cañón parecía una máquina sencilla: un cuerpo de metal, una carga propulsora y un proyectil. Sin embargo, su empleo eficaz exigía conocimientos, disciplina y una organización que comenzaba en las fábricas y terminaba en la dotación del navío.
Una ilustración de un cañón español de a 24 libras permite acercarse a ese mundo, siempre que distingamos entre una composición didáctica y un plano histórico.
¿Qué significaba «de a 24 libras»?
La denominación expresaba el peso nominal de la bala maciza correspondiente a la pieza. No indicaba el peso del cañón ni la cantidad de pólvora empleada para dispararlo.
Tampoco conviene convertir todas las libras históricas utilizando una única equivalencia moderna. Los patrones de medida variaban entre países, por lo que comparar piezas españolas, británicas y francesas exige identificar sus respectivas unidades.
Los cañones de a 24 ocuparon un lugar importante en los navíos españoles de dos puentes. Sin embargo, un porte nominal —64 o 74 cañones— no describe por sí solo todo su armamento durante la vida del buque.
Las disposiciones reglamentarias, las reformas y los equipos efectivos podían cambiar. Para reconstruir el armamento de un navío concreto es necesario precisar su nombre, la fecha y el estado de armamento correspondiente.
El número de cañones identifica una categoría del buque; no sustituye al inventario de sus piezas en una fecha determinada.
Anatomía del cañón: mucho más que un tubo de hierro
El vocabulario artillero permite comprender la función de los elementos que aparecen en estas representaciones.
Ánima. Es el conducto interior por el que avanza el proyectil. En las piezas aquí descritas era lisa, sin las estrías características de la artillería rayada posterior.
Boca y brocal. La boca es la abertura delantera del cañón; el brocal corresponde al refuerzo de esa zona.
Oído o fogón. Es el pequeño conducto que comunica la ignición exterior con la carga propulsora situada en el interior.
Muñones. Son los apoyos laterales sobre los que bascula la pieza, permitiendo modificar su elevación.
Cascabel. Es el remate posterior del cañón, relacionado con su manejo y, según el diseño y el montaje, con determinadas sujeciones.
Cureña. Es la estructura que sostiene la pieza y permite moverla. En el ámbito naval, su relación con los cabos y aparejos resulta fundamental para comprender el funcionamiento del conjunto.
La cureña no era un simple soporte decorativo. El cañón, su montaje y sus elementos de sujeción constituían un sistema: controlar el movimiento de una masa considerable dentro de un buque era tan importante como conseguir el disparo.
La carga y el peligro de los rescoldos
La ilustración muestra un cartucho de pólvora, tacos y una bala. Esta disposición ayuda a explicar el principio general de la avancarga, pero no debe interpretarse como una secuencia universal para todas las marinas, piezas y épocas.
Los materiales y procedimientos podían variar según la ordenanza, el servicio y las circunstancias.
El atacador, la lanada y el sacatrapos cumplían funciones diferentes. Retirar residuos y reducir la presencia de restos incandescentes tenía una importancia evidente cuando iba a introducirse una nueva carga.
Los materiales del cartucho también influían en los restos que podían permanecer después del disparo. La rapidez del servicio debía convivir con la necesidad de evitar una ignición prematura.
Aquí conviene matizar una expresión frecuente: la carga no quedaba herméticamente sellada como en un sistema moderno.
La bala de hierro tenía un diámetro inferior al del ánima. Esa holgura, conocida como viento, permitía su introducción, pero también significaba que no existía una obturación comparable a la de los proyectiles modernos.
Por ello, los tacos no deben imaginarse como un cierre perfecto que impedía cualquier escape de gases.
Tres municiones y diferentes objetivos
La munición elegida modificaba el efecto buscado. Aunque sus consecuencias podían superponerse, la bala rasa, la palanqueta y la metralla respondían a finalidades características.
Bala rasa: impacto contra casco y estructuras
La bala rasa era una esfera maciza de hierro.
Su capacidad destructiva dependía del impacto: podía perforar o romper elementos del casco y producir daños en el interior del navío.
No necesitaba explotar para resultar devastadora.
Además de los efectos directos del proyectil, el golpe contra la estructura podía desprender fragmentos de madera que amenazaban a quienes se encontraban al otro lado del punto de impacto.
La bala rasa tampoco era exclusivamente un proyectil contra el casco. Según dónde alcanzara el buque, podía afectar a otros elementos y causar bajas entre la tripulación.
Palanqueta: dañar el aparejo y reducir la maniobra
La palanqueta reunía dos extremos unidos mediante una barra.
Existieron diferentes diseños, incluidas formas con bolas o semibolas. Por tanto, la imagen de dos esferas completas unidas por una barra representa una configuración, pero no toda la variedad histórica.
Su finalidad característica era dañar el aparejo y otros elementos relacionados con la propulsión a vela.
En un navío, perder capacidad de maniobra podía modificar profundamente la situación táctica. Sin embargo, no debe suponerse que cualquier impacto de palanqueta derribaba automáticamente un mástil o dejaba al barco inmovilizado.
Metralla: acción contra personal
La metralla agrupaba proyectiles menores que se dispersaban después del disparo.
Su finalidad principal era batir personal, especialmente en enfrentamientos próximos.
Conviene distinguir sus presentaciones históricas: un saquete o racimo de proyectiles no era exactamente lo mismo que un bote metálico. Tampoco debe confundirse esta munición con una granada explosiva de fragmentación.
La palabra «metralla» puede inducir a error cuando se utiliza indistintamente para designar municiones históricas, fragmentos de proyectiles modernos y cualquier pequeño objeto metálico impulsado por una explosión.
Palanqueta y bala encadenada: parecidas, pero distintas
La diferencia básica estaba en la unión entre sus componentes:
- Palanqueta: unión mediante una barra rígida.
- Bala encadenada: unión mediante una cadena.
Ambas aparecen asociadas al propósito de dañar velas y aparejos, pero no eran el mismo proyectil.
El estudio de José Manuel Sanjurjo Jul publicado por el Instituto de Historia y Cultura Naval describe palanquetas de ordenanza y juzga peligrosos determinados proyectiles encadenados y mecanismos desplegables, vinculándolos a experiencias de corsarios.
Esa afirmación debe atribuirse a la fuente y leerse dentro de su contexto.
No permite concluir que la bala encadenada fuese únicamente experimental en toda la historia naval.
El Museum of the American Revolution conserva ejemplos de finales del siglo XVIII y documenta su utilización, junto con las palanquetas, contra mástiles, velas y jarcias. El National Park Service también distingue ambas municiones y destaca sus limitaciones de precisión.
La formulación más rigurosa consiste en reconocer tanto las reservas descritas por la bibliografía española como la existencia y utilización documentada de las balas encadenadas en otras experiencias navales.
El coste humano de una andanada
Una representación del cañón suele dirigir la mirada hacia la bala. Sin embargo, el proyectil no era el único agente capaz de producir lesiones.
Al golpear la madera, podía generar astillas y fragmentos que penetraban en espacios ocupados por la tripulación.
El Museum of the American Revolution subraya precisamente esa combinación: heridas causadas por los proyectiles y por los fragmentos desprendidos del propio barco.
Desde una perspectiva médica, esta observación cambia la lectura del combate naval.
El casco era protección, pero también podía convertirse en una fuente de elementos lesivos cuando recibía un impacto.
Detrás de una tabla perforada había personas trabajando, desplazándose o sirviendo otras piezas. El daño material y el daño humano formaban parte del mismo acontecimiento.
La potencia naval también se construía en tierra
Ninguna batería naval podía mantenerse únicamente con valor y disciplina.
Su funcionamiento dependía de fundiciones, materias primas, municiones, arsenales, transportes y personal especializado.
Liérganes y La Cavada ocuparon una posición central en la producción española de cañones de hierro. La fabricación de municiones incluía también establecimientos como Eugui, Orbaizeta y San Sebastián de Muga, mencionados en la bibliografía del Instituto de Historia y Cultura Naval.
La investigación de Juan Torrejón Chaves sitúa esa actividad dentro del esfuerzo de construcción y armamento de la Marina española del Setecientos.
El buque terminado era la parte visible de una estructura industrial y administrativa mucho mayor.
Por eso, estudiar un cañón exige mirar más allá de su boca: hacia los hornos, los talleres, los almacenes y las decisiones que permitían llevarlo al mar.
¿Qué munición elegir para detener un navío sin hundirlo?
Si la intención histórica era reducir su capacidad de navegar, la munición destinada a dañar el aparejo —como la palanqueta— respondía a esa finalidad.
Pero «inmovilizar» no significaba neutralizar sin consecuencias.
Un buque con daños en su arboladura podía seguir combatiendo, y la caída de elementos del aparejo también amenazaba a su tripulación.
La respuesta depende, por tanto, del efecto buscado: para dificultar la maniobra, la palanqueta era una elección coherente; no constituía una garantía de captura ni una forma de ataque exenta de víctimas.
Cómo interpretar la ilustración
La imagen resulta útil para reconocer componentes y distinguir municiones. Su lectura debe conservar varios matices:
- La disposición interior de la carga es esquemática.
- Los materiales y procedimientos variaron según época y ordenanza.
- Los tacos no proporcionaban una obturación moderna.
- Las proporciones dibujadas no deben utilizarse como medidas técnicas.
- La afirmación sobre las balas encadenadas requiere contexto histórico.
- La representación no identifica por sí sola un modelo concreto de cañón.
Una ilustración puede ser una buena puerta de entrada al conocimiento sin convertirse en una reconstrucción exacta de todos sus detalles.
El cañón de a 24 representa mucho más que una esfera de hierro impulsada por pólvora. Su historia reúne metalurgia, navegación, organización, disciplina y experiencia humana.
Para comprenderlo hay que estudiar conjuntamente el arma, el barco, sus servidores y la industria que hacía posible cada disparo.
Por DrRamonReyesMD
Fuentes y lecturas recomendadas
1. Sanjurjo Jul, José Manuel. La artillería naval del siglo XVIII.
Cuadernos Monográficos del Instituto de Historia y Cultura Naval, n.º 41, Arsenales y construcción naval en el siglo de la Ilustración, pp. 59–104. Especialmente pp. 85–86 para municiones y cartuchos. Armada Española.
https://armada.defensa.gob.es/archivo/mardigitalrevistas/cuadernosihcn/41cuaderno/cap04.pdf
2. Torrejón Chaves, Juan. La Artillería en la Marina española del siglo XVIII.
Militaria. Revista de Cultura Militar, n.º 10, 1997, pp. 291–324. Universidad Complutense de Madrid.
https://revistas.ucm.es/index.php/MILT/en/article/download/MILT9797220291A/3392/4319
3. National Park Service. Cannon.
Castillo de San Marcos National Monument. Descripción histórica de piezas y tipos de munición.
https://www.nps.gov/casa/learn/historyculture/cannon.htm
4. Museum of the American Revolution. Bar Shot, Chain Shot, and Cannonball.
Colección de proyectiles de finales del siglo XVIII y explicación de sus efectos en el combate naval.
https://www.amrevmuseum.org/collection/bar-shot-chain-shot-and-cannonball
Nota editorial: La imagen que acompaña este artículo es una composición didáctica, no un plano a escala ni una reconstrucción certificada de un modelo concreto. Octubre de 2026 corresponde a la edición del artículo; las fuentes conservan sus fechas originales de publicación.
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