Descripción médico-científica de la imagen (lectura crítica)
La infografía compara gangrena seca (“dry gangrene”) frente a gangrena húmeda (“wet gangrene”), presentándolas como dos fenotipos clínico-patológicos de necrosis tisular con fisiopatología distinta:
En el panel izquierdo (gangrena seca) se representa un pie con tejido distal negro, deshidratado, retraído y “momificado”, con línea de demarcación nítida entre tejido viable e inviable. Este patrón es típico de isquemia crónica severa (p. ej., enfermedad arterial periférica avanzada), donde predomina la necrosis coagulativa: el tejido muere por hipoxia sostenida, se deseca, se reduce el contenido hídrico y, al haber ausencia relativa de infección activa, la progresión suele ser lenta. En fases iniciales puede existir dolor isquémico intenso; posteriormente puede disminuir la sensibilidad por neuropatía isquémica/diabética o destrucción neural. La “autoamputación” es un desenlace posible cuando el segmento necrosado se separa espontáneamente en la línea de demarcación, aunque no es un objetivo terapéutico en medicina moderna: suele implicar complicaciones, dolor y riesgo de sobreinfección.
En el panel derecho (gangrena húmeda) se muestra un pie tumefacto, brillante, macerado, con decoloración verdoso-negruzca, flictenas/ampollas y exudado purulento o maloliente, con bordes mal definidos y aparente extensión rápida. Esta apariencia es compatible con necrosis infectada, donde se combina isquemia con infección bacteriana secundaria y edema, evolucionando hacia necrosis licuefactiva y destrucción tisular acelerada. La infografía subraya el riesgo de toxicidad sistémica, sepsis y shock séptico, que es real: la gangrena húmeda, en particular si se enmarca en un cuadro de infección necrosante de partes blandas, es una emergencia quirúrgica tiempo-dependiente.
Lectura crítica: la infografía es útil para enseñanza básica, pero simplifica. En la práctica clínica existe un espectro: una gangrena “seca” puede infectarse y volverse “húmeda”; y dentro de la “húmeda” hay entidades con mortalidad elevada que no deben diluirse (p. ej., fasciitis necrosante, mionecrosis clostridial/gas gangrene, Fournier).
GANGRENA SECA VS GANGRENA HÚMEDA
Fisiopatología, claves diagnósticas, urgencia y manejo clínico integral (2026)
Autor: DrRamonReyesMD — EMS Solutions International
La palabra “gangrena” en clínica no es un adjetivo dramático; es un diagnóstico sindrómico que implica necrosis tisular macroscópicamente evidente con un problema de base que casi siempre amenaza vida o extremidad. Su valor real es operacional: cuando usted reconoce gangrena, debe decidir si el problema es predominantemente vascular (isquémico), predominantemente infeccioso (necrosante) o una combinación, y actuar con un algoritmo de prioridad: perfusión, control de infección, control de fuente y rescate sistémico.
1) Definiciones operativas y anatomía patológica “a pie de cama”
Gangrena seca es, en esencia, necrosis isquémica deshidratada. Ocurre cuando el flujo arterial cae por debajo del umbral de viabilidad durante un tiempo suficiente para producir muerte celular, pero sin carga bacteriana significativa ni edema exudativo dominante. Predomina la necrosis coagulativa, donde la arquitectura tisular se preserva de forma “fantasmal” al inicio: el tejido se vuelve negro, duro, frío, seco, con retracción. La clínica ofrece una pista decisiva: suele existir una línea de demarcación clara, porque el límite de perfusión se establece de forma relativamente estable.
Gangrena húmeda es necrosis infectada o necrosis con una infección activa que domina la escena. La hipoxia tisular, la ruptura de barreras, el edema y la proliferación bacteriana generan un medio donde la destrucción enzimática y el infiltrado inflamatorio llevan a licuefacción, fetidez y diseminación. Por eso el tejido se ve húmedo, tumefacto, macerado, con flictenas, exudado y un margen mal definido. Aquí el dato crítico no es el color: es la velocidad, la toxicidad sistémica y la posibilidad de infección necrosante profunda.
Una forma de entenderlo sin metáforas: la gangrena seca es un fallo de suministro (oxígeno y sustratos). La húmeda es un fallo de suministro + invasión y digestión biológica (bacterias, toxinas, enzimas, trombosis microvascular secundaria).
2) Etiología y factores de riesgo: lo que realmente manda
En la gangrena seca, piense primero en enfermedad arterial periférica avanzada (aterosclerosis), trombosis crónica, embolia con evolución subaguda, vasculitis severa, estados de hiperviscosidad o microangiopatía diabética avanzada. El perfil típico: edad, tabaquismo, diabetes mellitus, dislipemia, hipertensión, insuficiencia renal crónica, antecedentes de claudicación, dolor en reposo o úlceras isquémicas.
En la gangrena húmeda, además de la isquemia, manda la puerta de entrada y el ecosistema infeccioso: pie diabético infectado, úlceras crónicas colonizadas, heridas contaminadas, cirugía reciente, inmunosupresión, consumo de drogas IV, traumatismos con aplastamiento, mordeduras, y cualquier situación que cree un compartimento hipóxico con bacterias. La gangrena húmeda puede ser polimicrobiana (anaerobios + gramnegativos + grampositivos) o monomicrobiana (estreptococo, estafilococo), y su riesgo vital se dispara cuando progresa a fasciitis necrosante o mionecrosis.
3) Semiología crítica: cómo no fallar en la puerta
En consulta o urgencias, la evaluación es “a dos capas”: local y sistémica.
Claves a favor de gangrena seca (isquemia dominante): pie frío, pulso ausente o muy disminuido, dolor isquémico (a veces paradójicamente poco dolor si hay neuropatía), piel atrófica, uñas distróficas, ausencia de exudado, ausencia de edema “inflamatorio” importante, línea de demarcación, necrosis distal. El olor suele ser escaso o inexistente salvo colonización superficial.
Claves a favor de gangrena húmeda/infección dominante: calor relativo (no siempre), edema, eritema perilesional, flictenas, crepitación (si hay gas), exudado purulento, mal olor, dolor desproporcionado (dato mayor de necrosante), progresión horaria, anestesia cutánea “en placa” por trombosis de nervios cutáneos, y signos sistémicos: fiebre o hipotermia, taquicardia, hipotensión, confusión, lactato elevado.
Regla práctica: la gangrena húmeda mata por sepsis y necrosante; la seca mata por isquemia y pérdida de extremidad. Y la seca puede transformarse en húmeda si se infecta. Por eso “no molesta” no significa “no peligrosa”.
4) Diagnóstico: confirmar perfusión, delimitar infección, medir gravedad
En gangrena, el diagnóstico es clínico, pero el plan terapéutico depende de cuantificar perfusión e infección.
Para perfusión: palpación de pulsos, Doppler manual, índice tobillo-brazo (ITB) si es interpretable, presión transcutánea de oxígeno (cuando disponible), eco-Doppler arterial y, si se plantea revascularización, angio-TC/angio-RM o arteriografía según circuito vascular. Un pie con gangrena seca requiere valoración vascular preferente; un pie con gangrena húmeda requiere cirugía urgente, y la vascular se integra en paralelo, no en serie.
Para infección: hemograma, proteína C reactiva (PCR), función renal y electrolitos, glucemia, gasometría/lactato si hay afectación sistémica, hemocultivos si sepsis. Imagen (radiografía/TC) para gas en tejidos puede ayudar, pero un punto debe quedar tatuado: no se debe retrasar el desbridamiento quirúrgico si la sospecha clínica de necrosante es alta. La imagen negativa no excluye.
5) Tratamiento: prioridades que no se negocian
Gangrena seca (sin infección): el objetivo es salvar vida y, si es posible, salvar extremidad mediante revascularización y control de riesgo. Se optimiza analgesia, se protege la zona (apósitos secos, evitar maceración), se vigila aparición de signos infecciosos, se gestiona la carga trombótica según contexto, y se coordina vascular. La amputación se decide por viabilidad, dolor, infección o imposibilidad de revascularizar. La “autoamputación” no es estrategia: es una complicación de abandono o de imposibilidad terapéutica.
Gangrena húmeda / sospecha de necrosante: aquí el tratamiento es de “tres cuchillos” simultáneos: cirugía (control de fuente), antibióticos precoces de amplio espectro, y reanimación/sepsis. En práctica: desbridamiento agresivo y repetido si precisa; antibióticos con cobertura de grampositivos (incluyendo MRSA según epidemiología), gramnegativos y anaerobios; y, si hay sospecha de toxinas (estreptococo grupo A o clostridios), añadir un inhibidor de síntesis proteica (p. ej., clindamicina) por efecto antitoxina. La revascularización se evalúa, pero la necrosis infectada manda: primero se frena la destrucción y la sepsis. La oxigenoterapia hiperbárica puede ser adyuvante en escenarios seleccionados, jamás sustituto de cirugía.
6) Lo que le diría al paciente (en lenguaje clínico, sin alarmismo pero sin anestesia)
Si es gangrena seca: “Esto es tejido que se ha muerto por falta de riego. No es solo una herida: es un problema de circulación. Hay que valorar las arterias con pruebas y decidir si se puede mejorar el riego. Mientras tanto, hay que vigilar signos de infección; si aparece enrojecimiento, calor, mal olor, supuración, fiebre o empeora rápido, hay que ir a urgencias porque podría convertirse en una infección grave.”
Si es gangrena húmeda: “Esto no es una herida común: es una infección con tejido muerto y puede extenderse rápido y afectar al resto del cuerpo. Esto requiere urgencias y valoración quirúrgica hoy. Retrasarlo aumenta el riesgo de amputación y de complicaciones graves.”
7) Señales de alarma absolutas (derivación urgente)
Dolor desproporcionado, progresión rápida, fiebre o mal estado general, hipotensión, confusión, piel violácea, ampollas hemorrágicas, crepitación, mal olor intenso, anestesia cutánea nueva, lactato elevado, o cualquier gangrena en paciente diabético con signos sistémicos. Eso no se “controla en casa”. Se activa circuito.
Cierre profesional (2026): la diferencia entre gangrena seca y húmeda no es estética; es cinética biológica y riesgo vital. La seca exige visión vascular estratégica. La húmeda exige reflejo quirúrgico inmediato. Y el error clásico es tratar ambas como “una infección del pie” o “una herida fea”. Son síndromes de muerte tisular con mecanismos distintos y urgencias distintas.
Firmado: DrRamonReyesMD


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