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Aunque pueda contener afirmaciones, datos o apuntes procedentes de instituciones o profesionales sanitarios, la información contenida en el blog EMS Solutions International está editada y elaborada por profesionales de la salud. Recomendamos al lector que cualquier duda relacionada con la salud sea consultada con un profesional del ámbito sanitario. by Dr. Ramon REYES, MD

Niveles de Alerta Antiterrorista en España. Nivel Actual 4 de 5.

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Fuente Ministerio de Interior de España

miércoles, 2 de septiembre de 2026

COLESTEROL, LONGEVIDAD Y LA «PARADOJA DEL LDL»: QUÉ DICE REALMENTE LA CIENCIA EN 2026

 


COLESTEROL, LONGEVIDAD Y LA «PARADOJA DEL LDL»: QUÉ DICE REALMENTE LA CIENCIA EN 2026

¿Puede un colesterol moderadamente elevado asociarse con una mayor supervivencia en personas extremadamente longevas?

Revisión crítica y actualización científica — septiembre de 2026
By DrRamonReyesMD | EMS Solutions International


RESUMEN

Un estudio publicado en Nutrients en 2025 ha reavivado una controversia que lleva décadas apareciendo en la literatura geriátrica: algunas poblaciones de edad muy avanzada presentan una asociación aparentemente paradójica entre concentraciones relativamente elevadas de colesterol LDL (LDL-C) y una mayor supervivencia.

El trabajo, realizado en 168 nonagenarios de una zona de excepcional longevidad de Cerdeña, encontró que quienes presentaban LDL-C ≥130 mg/dL sobrevivieron durante el seguimiento más tiempo que aquellos con LDL-C <130 mg/dL.

El hallazgo es real. La interpretación popular según la cual «cuanto más alto sea el colesterol, más tiempo vivirás» no lo es.

El estudio no demuestra causalidad, no demuestra que elevar deliberadamente el LDL prolongue la vida y no invalida la enorme evidencia genética, epidemiológica y experimental que establece que la exposición acumulativa a partículas aterogénicas que contienen apolipoproteína B —incluido LDL— participa causalmente en la enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD).

La aparente paradoja probablemente representa una interacción compleja entre selección de supervivientes, causalidad inversa, fragilidad, nutrición, inflamación, genética de longevidad, enfermedades intercurrentes y disminución terminal del colesterol, fenómenos especialmente relevantes después de los 85–90 años.

La consecuencia clínica en 2026 no es abandonar el tratamiento hipolipemiante. Es mucho más interesante: en el anciano extremo debemos dejar de tratar cifras aisladas y comenzar a tratar riesgo, enfermedad aterosclerótica, funcionalidad, fragilidad, expectativa de vida y objetivos del paciente.


1. EL ESTUDIO QUE ORIGINÓ LA CONTROVERSIA

El trabajo se titula:

Errigo A, Dore MP, Portoghese M, Pes GM. The Cholesterol Paradox in Long-Livers from a Sardinia Longevity Hot Spot (Blue Zone). Nutrients. 2025;17(5):765.

DOI: 10.3390/nu17050765

Se reclutaron 168 nonagenarios, 81 hombres y 87 mujeres, residentes en una región de Cerdeña conocida por su elevada prevalencia de longevidad. La cohorte comenzó en 2018 y fue seguida hasta diciembre de 2024.

Por tanto, una primera corrección resulta imprescindible:

No fue un «estudio masivo».

Fue una cohorte observacional relativamente pequeña y extraordinariamente seleccionada de 168 personas que ya habían alcanzado los 90 años.

Esto es fundamental para interpretar sus resultados.


2. ¿QUÉ ENCONTRARON REALMENTE?

Los investigadores analizaron colesterol total, LDL-C, HDL-C y triglicéridos y estudiaron su relación con la supervivencia.

El colesterol total mediano fue aproximadamente:

  • 199,5 mg/dL en hombres
  • 202,5 mg/dL en mujeres

El resultado más llamativo apareció al dividir a los participantes según LDL-C.

LDL-C ≥130 mg/dL

Supervivencia media durante el seguimiento:

3,82 ± 1,88 años

LDL-C <130 mg/dL

Supervivencia media:

2,79 ± 1,56 años

La diferencia fue estadísticamente significativa:

p <0,0001.

Además, el análisis de regresión de Cox encontró una asociación entre LDL-C ≥130 mg/dL y menor mortalidad durante el seguimiento, con una estimación cercana a:

HR ≈0,60; IC95 % 0,405–0,891.

Es decir, dentro de esta cohorte concreta de personas que ya habían sobrevivido hasta edades extremas, un LDL moderadamente elevado se asoció estadísticamente con mejor supervivencia posterior.

Ese resultado merece ser estudiado.

Pero asociación no significa causalidad.


3. LO QUE EL ESTUDIO NO DEMOSTRÓ

El trabajo NO demostró que:

LDL alto → longevidad.

Tampoco demostró que aumentar el colesterol reduzca mortalidad.

No asignó aleatoriamente a unas personas a mantener LDL elevado y a otras LDL bajo.

No estudió adultos jóvenes durante toda su vida.

No comparó décadas de exposición acumulativa a diferentes concentraciones de apoB.

No demuestra que una persona de 40, 50 o 60 años deba mantener LDL ≥130 mg/dL.

Y tampoco demuestra que una persona con infarto previo, ictus aterotrombótico, enfermedad arterial periférica o aterosclerosis coronaria deba suspender su tratamiento hipolipemiante.

Son preguntas científicas completamente diferentes.


4. EL PROBLEMA CENTRAL: EL SESGO DEL SUPERVIVIENTE

Imagine dos grupos expuestos durante décadas a LDL elevado.

Entre los individuos biológicamente susceptibles, algunos desarrollarán prematuramente:

aterosclerosis coronaria, infarto, enfermedad cerebrovascular, enfermedad arterial periférica o muerte cardiovascular.

Esas personas pueden desaparecer progresivamente de la población susceptible de convertirse en nonagenaria.

Cuando finalmente seleccionamos exclusivamente personas que ya han sobrevivido hasta ≥90 años, estamos observando una población biológicamente excepcional.

Este fenómeno recibe diferentes denominaciones relacionadas:

survivor bias,
survivorship bias,
depletion of susceptibles,
o selección condicionada por supervivencia.

Los supervivientes extremos pueden estar enriquecidos en características protectoras:

genéticas, metabólicas, inflamatorias, nutricionales, ambientales o conductuales.

Por ello:

El significado pronóstico de LDL = 140 mg/dL a los 95 años no necesariamente es equivalente al significado biológico de mantener LDL = 140 mg/dL desde los 35 hasta los 95 años.

Esta distinción es esencial.


5. CAUSALIDAD INVERSA: ¿EL COLESTEROL BAJO PRODUCE ENFERMEDAD O LA ENFERMEDAD BAJA EL COLESTEROL?

Existe otro fenómeno especialmente importante en geriatría.

Una concentración baja de colesterol puede no ser siempre la causa del deterioro.

Puede ser consecuencia del deterioro.

En personas muy ancianas pueden disminuir colesterol y LDL como consecuencia de:

  • pérdida ponderal;
  • malnutrición;
  • sarcopenia;
  • fragilidad;
  • inflamación sistémica;
  • enfermedades neoplásicas;
  • insuficiencia hepática;
  • enfermedades crónicas avanzadas;
  • disminución de ingesta;
  • deterioro funcional;
  • proximidad a la muerte.

Existe evidencia particularmente ilustrativa.

Un estudio de 99.758 personas mayores de 80 años mostró que el colesterol total descendía progresivamente durante los últimos años de vida y que esta reducción se aceleraba aproximadamente durante los dos años anteriores a la muerte. Los investigadores concluyeron explícitamente que la causalidad inversa puede contribuir a la asociación entre colesterol bajo y mortalidad observada en estudios no aleatorizados.

Este fenómeno proporciona una explicación plausible para una parte de la denominada «paradoja del colesterol».


6. PERO EL FENÓMENO NO APARECE ÚNICAMENTE EN CERDEÑA

Aquí debemos evitar el error contrario: descartar automáticamente cualquier asociación inversa como artefacto.

Una revisión sistemática publicada anteriormente identificó 19 estudios de cohortes, 30 cohortes y 68.094 personas ≥60 años. En muchas de ellas se observó una asociación inversa entre LDL-C y mortalidad total.

Además, un estudio longitudinal publicado en 2024 en personas de ≥85 años volvió a encontrar una asociación entre concentraciones mayores de colesterol total y menor mortalidad por cualquier causa durante tres años de seguimiento.

Por tanto, existe una señal epidemiológica genuina:

A edades extremas, la relación entre colesterol medido transversalmente y mortalidad total se vuelve mucho menos lineal que en adultos jóvenes y de mediana edad.

Lo que no podemos hacer es convertir esa asociación observacional en evidencia de que LDL elevado sea biológicamente protector.


7. LDL NO ES SIMPLEMENTE «COLESTEROL MALO»

El lenguaje popular de colesterol «bueno» y «malo» resulta cada vez menos adecuado.

LDL es una lipoproteína, no una molécula de colesterol.

Las partículas LDL transportan colesterol y otros lípidos en plasma. Cada partícula LDL contiene una molécula de apolipoproteína B100 (apoB).

Desde el punto de vista aterogénico, resulta especialmente importante la concentración y exposición acumulativa a partículas que contienen apoB:

  • LDL;
  • IDL;
  • remanentes de VLDL;
  • lipoproteína(a), entre otras.

Cuando estas partículas atraviesan el endotelio arterial y quedan retenidas en la íntima, pueden iniciar una secuencia que incluye modificación lipoproteica, respuesta inflamatoria, captación por macrófagos, formación de células espumosas, estría grasa, crecimiento de placa, remodelado vascular y eventualmente ruptura o erosión de placa con trombosis.

Por ello, la aterosclerosis debe entenderse en gran medida como una enfermedad relacionada con la exposición acumulativa a lipoproteínas aterogénicas que contienen apoB.


8. ¿ESTÁ DEMOSTRADO QUE LDL PARTICIPA CAUSALMENTE EN LA ATEROSCLEROSIS?

La respuesta científica continúa siendo:

SÍ.

La declaración de consenso de la European Atherosclerosis Society integró evidencia procedente de:

  • epidemiología prospectiva;
  • genética humana;
  • hipercolesterolemia familiar;
  • aleatorización mendeliana;
  • ensayos clínicos aleatorizados;
  • diferentes mecanismos farmacológicos de reducción de LDL.

La evaluación incluyó más de 200 estudios, >2 millones de participantes, >20 millones de persona-años y >150.000 eventos cardiovasculares.

La conclusión fue que existe una relación consistente, aproximadamente dosis-dependiente, entre la magnitud y duración de la exposición a LDL y el riesgo de ASCVD.

Esto introduce un concepto fundamental:

«LDL-years»: la exposición acumulativa importa.

Un LDL determinado durante seis meses a los 95 años no representa la misma exposición arterial que esa concentración mantenida durante cinco décadas.

La arteria tiene memoria biológica.


9. ENTONCES, ¿EXISTE REALMENTE UNA «PARADOJA DEL COLESTEROL»?

Epidemiológicamente: sí puede observarse.

Como demostración de que LDL elevado protege frente a la muerte: no está demostrado.

La aparente paradoja probablemente sea multifactorial:

LDL relativamente alto + supervivencia extrema puede identificar individuos metabólicamente resistentes.

Mientras que:

LDL muy bajo + edad extrema puede, en determinados pacientes, identificar enfermedad, desnutrición, inflamación, fragilidad o proximidad al final de la vida.

La asociación observada puede estar modulada simultáneamente por:

1. Sesgo de supervivencia.
Solo estudiamos a quienes consiguieron llegar a edades extremas.

2. Causalidad inversa.
La enfermedad puede reducir colesterol antes de producir la muerte.

3. Confusión residual.
Variables no medidas pueden explicar parcialmente la asociación.

4. Genética de longevidad.
Los centenarios constituyen una población biológicamente seleccionada.

5. Estado nutricional.
En geriatría extrema, colesterol bajo puede acompañar malnutrición.

6. Fragilidad.
El riesgo competitivo de muerte no cardiovascular aumenta enormemente.

7. Exposición acumulativa previa.
Una determinación aislada de LDL a los 92 años no reconstruye 70 años de exposición arterial.


10. LA PREGUNTA DECISIVA: ¿REDUCIR LDL SIGUE PREVINIENDO EVENTOS EN PERSONAS MAYORES?

Aquí debemos abandonar los estudios observacionales y acudir a los ensayos clínicos.

Un ejemplo particularmente relevante es EWTOPIA 75, ensayo aleatorizado realizado en adultos japoneses ≥75 años sin enfermedad coronaria previa y con LDL elevado.

La reducción de LDL mediante ezetimiba redujo el endpoint cardiovascular compuesto principal.

Esto resulta conceptualmente importante:

Si LDL alto fuese simplemente protector en el anciano, sería difícil explicar por qué reducir LDL farmacológicamente puede reducir acontecimientos ateroscleróticos en determinadas poblaciones mayores.


11. EL CAMBIO MÁS IMPORTANTE DE 2026: LAS NUEVAS GUÍAS ESTADOUNIDENSES

En marzo de 2026 se publicó la nueva:

2026 ACC/AHA/AACVPR/ABC/ACPM/ADA/AGS/APhA/ASPC/NLA/PCNA Guideline on the Management of Dyslipidemia.

La guía aporta precisamente el matiz que necesita esta controversia.

En personas mayores, recomienda que las decisiones sobre tratamiento hipolipemiante tengan en consideración:

prioridades del paciente + estado funcional + multimorbilidad + fragilidad + polifarmacia + esperanza de vida, y que la decisión de retirar tratamiento no se base exclusivamente en la edad cronológica.

Para adultos >75 años con esperanza de vida estimada ≥2,5 años, puede ser razonable iniciar una estatina de intensidad moderada después de discutir individualmente riesgos y beneficios.

Cuando la expectativa de vida es <1 año, puede ser razonable retirar tratamiento hipolipemiante cuando el beneficio preventivo esperado deja de compensar carga terapéutica y posibles efectos adversos.

Y cuando existe incertidumbre terapéutica en mayores de 75 años con expectativa de vida suficiente, la guía contempla utilizar calcio coronario (CAC) para refinar la decisión.

Esto es medicina geriátrica cardiovascular moderna.

No:

«LDL alto es bueno».

Ni tampoco:

«Hay que bajar el LDL de todo nonagenario independientemente de sus circunstancias».

Sino:

tratar al paciente, su aterosclerosis y su riesgo neto, no únicamente un número.


12. ¿QUÉ DICE EUROPA EN 2026?

La referencia europea vigente es la 2025 Focused Update of the 2019 ESC/EAS Guidelines for the Management of Dyslipidaemias, publicada en European Heart Journal, con una corrección publicada en febrero de 2026.

La actualización mantiene el principio de reducción de LDL en función del riesgo cardiovascular y utiliza SCORE2-OP para estimar riesgo en personas mayores.

También mantiene las terapias hipolipemiantes con beneficio cardiovascular demostrado —estatinas, ezetimiba, inhibidores PCSK9 y, en los escenarios apropiados, ácido bempedoico— según riesgo, objetivo de LDL, tolerabilidad y contexto clínico.

La aparición del estudio sardo no ha producido ninguna recomendación europea para mantener LDL ≥130 mg/dL con el objetivo de prolongar la vida.


13. LDL-C, NO-HDL-C Y ApoB: UNA DISTINCIÓN CADA VEZ MÁS IMPORTANTE

LDL-C mide cuánto colesterol contienen aproximadamente las partículas LDL.

Pero no mide directamente cuántas partículas aterogénicas existen.

Dos pacientes pueden presentar LDL-C similar y diferente número de partículas apoB.

Esta discordancia adquiere especial importancia en pacientes con:

  • diabetes;
  • obesidad;
  • hipertrigliceridemia;
  • síndrome metabólico;
  • resistencia a la insulina.

Por ello, la evaluación contemporánea del riesgo lipídico puede incorporar:

LDL-C

Principal variable terapéutica clásica.

Colesterol no-HDL

Representa el colesterol transportado por el conjunto de lipoproteínas aterogénicas.

ApoB

Aproxima directamente el número total de partículas aterogénicas que contienen apoB.

Lipoproteína(a)

Factor de riesgo predominantemente genético que modifica el riesgo cardiovascular y cuya medición ha adquirido creciente importancia en las guías contemporáneas.

Reducir toda esta fisiopatología a «colesterol alto versus colesterol bajo» es científicamente insuficiente.



14. UN NONAGENARIO NO ES SIMPLEMENTE UN ADULTO DE 50 AÑOS CON 40 AÑOS MÁS

Esta quizá sea la enseñanza más interesante del estudio.

A los 90–100 años cambian radicalmente:

la expectativa de vida restante, las causas competitivas de mortalidad, la farmacocinética, la polifarmacia, la masa muscular, la función renal, la reserva fisiológica, el estado nutricional, la fragilidad y la relevancia clínica del tiempo necesario para obtener beneficio de una intervención preventiva.

Por eso una intervención extraordinariamente razonable a los 55 años puede ofrecer un beneficio absoluto mucho menor a un paciente de 97 años con fragilidad avanzada y expectativa de vida limitada.

Pero el razonamiento contrario también es incorrecto:

una persona funcional de 82 años, con expectativa de vida considerable y elevado riesgo aterosclerótico, no debe quedar automáticamente sin prevención cardiovascular simplemente por su edad.

La guía estadounidense 2026 insiste precisamente en no tomar estas decisiones únicamente mediante edad cronológica.


15. EL ERROR DE LAS REDES SOCIALES

El titular:

«Cuanto más altos son tus niveles de colesterol, mayor podría ser tu esperanza de vida»

es científicamente engañoso.

Transforma:

una asociación observacional específica encontrada en 168 supervivientes extremos

en:

una afirmación causal aplicable a toda la población.

Eso es una extrapolación que los datos no permiten.

Una formulación correcta sería:

En una cohorte de 168 nonagenarios pertenecientes a una región de excepcional longevidad de Cerdeña, un LDL-C ≥130 mg/dL se asoció con una mayor supervivencia durante el seguimiento. El resultado plantea una posible “paradoja del colesterol” en edades extremas, pero no demuestra que elevar LDL prolongue la vida ni invalida la relación causal entre exposición acumulativa a LDL/apoB y aterosclerosis.

Esa frase conserva el descubrimiento sin deformarlo.


16. ¿DEBERÍA UNA PERSONA SUSPENDER SU ESTATINA POR ESTE ESTUDIO?

No.

Un estudio observacional de 168 nonagenarios no constituye fundamento científico para suspender una estatina, ezetimiba, inhibidor PCSK9 u otro tratamiento prescrito para reducción de riesgo cardiovascular.

La decisión debe considerar:

  • prevención primaria versus secundaria;
  • enfermedad cardiovascular establecida;
  • LDL-C;
  • apoB/no-HDL-C cuando proceda;
  • Lp(a);
  • diabetes;
  • enfermedad renal;
  • hipertensión;
  • tabaquismo;
  • carga aterosclerótica;
  • CAC cuando esté indicado;
  • edad biológica;
  • fragilidad;
  • polifarmacia;
  • tolerancia;
  • expectativa de vida;
  • preferencias del paciente.

En prevención secundaria, la evidencia a favor del control de LDL continúa siendo particularmente sólida.

En prevención primaria del paciente muy anciano, la incertidumbre es mayor y la individualización adquiere mucha más importancia.


17. LA PARADOJA REAL

Quizá la auténtica paradoja no sea que «el colesterol alto alarga la vida».

Es esta:

Durante décadas, una menor exposición acumulativa a LDL/apoB reduce la probabilidad de desarrollar aterosclerosis.

Pero:

Entre quienes ya han sobrevivido hasta los 90–100 años, una concentración baja de colesterol puede dejar de representar necesariamente un estado saludable y convertirse, en determinados individuos, en marcador de enfermedad, pérdida nutricional, fragilidad o declive terminal.

Ambas afirmaciones pueden ser simultáneamente ciertas.

No existe contradicción biológica obligatoria entre ellas.


18. CONCLUSIONES

El estudio de los nonagenarios sardos es real, interesante y científicamente digno de atención. Demuestra que la epidemiología lipídica en edades extremas es considerablemente más compleja de lo que transmite el viejo eslogan «colesterol bueno versus colesterol malo».

Pero no demuestra que LDL elevado cause longevidad.

No demuestra que elevar LDL sea beneficioso.

No refuta la causalidad LDL–aterosclerosis.

No justifica suspender indiscriminadamente tratamiento hipolipemiante.

Y definitivamente no demuestra que:

«Cuanto mayor sea tu colesterol, más vivirás».

Lo que sí demuestra es algo clínicamente mucho más sofisticado:

A los 90 o 100 años, una cifra de LDL debe interpretarse dentro del contexto de toda una vida biológica. La exposición acumulativa a partículas apoB continúa siendo relevante para la aterogénesis, pero el valor pronóstico de una medición aislada cambia en presencia de longevidad extrema, fragilidad, enfermedades competidoras, estado nutricional y causalidad inversa.

La cardiología preventiva intenta reducir la exposición aterogénica acumulativa durante la vida.

La geriatría intenta preservar vida funcional y calidad de vida durante el tiempo que queda.

En el paciente muy anciano, ambas disciplinas deben encontrarse.

Esa es, en 2026, la interpretación científicamente defendible de la denominada “paradoja del colesterol”.


REFERENCIAS CIENTÍFICAS PRINCIPALES

1. Errigo A, Dore MP, Portoghese M, Pes GM. The Cholesterol Paradox in Long-Livers from a Sardinia Longevity Hot Spot (Blue Zone). Nutrients. 2025;17(5):765. DOI: 10.3390/nu17050765.

2. Ference BA, et al. Low-density lipoproteins cause atherosclerotic cardiovascular disease. 1. Evidence from genetic, epidemiologic, and clinical studies. European Heart Journal. 2017;38:2459–2472.

3. ESC/EAS. 2025 Focused Update of the 2019 ESC/EAS Guidelines for the management of dyslipidaemias. European Heart Journal. 2025;46:4359–4378; corrección publicada en 2026.

4. ACC/AHA/AACVPR/ABC/ACPM/ADA/AGS/APhA/ASPC/NLA/PCNA. 2026 Guideline on the Management of Dyslipidemia. Circulation. 2026;153:e1154–e1276. DOI: 10.1161/CIR.0000000000001423.

5. Ouchi Y, et al. Ezetimibe Lipid-Lowering Trial on Prevention of Atherosclerotic Cardiovascular Disease in 75 or Older (EWTOPIA 75). Circulation. 2019;140:992–1003. DOI: 10.1161/CIRCULATIONAHA.118.039415.

6. Ravnskov U, et al. Lack of an association or an inverse association between LDL cholesterol and mortality in the elderly: a systematic review. BMJ Open. 2016.

7. Charlton J, et al. Trajectory of Total Cholesterol in the Last Years of Life Over Age 80 Years: Cohort Study of 99,758 Participants.

By DrRamonReyesMD
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