Un hombre de 31 años llegó a un hospital en Vietnam con un dolor de panza que ni el mejor té de hierbas podría calmar. ¿El motivo? En una curiosa búsqueda de placer, decidió que era buena idea introducir una anguila viva de 65 cm por su retaguardia. Lo que no calculó fue que el animal, experto en sobrevivir sin aire, decidió morder su camino hacia la libertad, atravesando el intestino para pasear por su abdomen. Luego de una radiografía que dejó fríos a los doctores de Việt Đức, tuvieron que operarlo de emergencia. Para colmo de sorpresas, ¡también encontraron un limón! Los cirujanos lograron sacar a la anguila (que seguía viva) y salvar al paciente de sus propios experimentos. Queda claro: si buscas sensaciones fuertes por las noches, mejor ve a una montaña rusa y deja a los peces en el agua.


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