Parto vaginal (parto natural)
Historia, fundamentos obstétricos, fisiología e importancia en la medicina moderna
Por Dr. Ramón Reyes, MD
EMS Solutions International | 2026
El parto vaginal representa la culminación fisiológica del embarazo y constituye el mecanismo mediante el cual ha nacido la inmensa mayoría de los seres humanos a lo largo de la historia. Mucho antes del desarrollo de la cirugía obstétrica, el parto era un proceso exclusivamente biológico, guiado por complejas interacciones hormonales entre la madre, el útero, la placenta y el feto.
La obstetricia moderna no considera el parto vaginal como un procedimiento "antiguo" ni como una alternativa de menor calidad frente a la cesárea. Por el contrario, cuando el embarazo evoluciona con normalidad y no existen contraindicaciones, el parto vaginal continúa siendo la vía de nacimiento recomendada por las principales sociedades científicas internacionales, ya que ofrece importantes beneficios para la madre y el recién nacido.
El verdadero objetivo de la medicina moderna no consiste en favorecer una vía de nacimiento sobre otra, sino en permitir que el embarazo concluya por el método que proporcione la mayor seguridad para ambos pacientes: la madre y su hijo.
¿Qué es el parto vaginal?
El parto vaginal es el proceso fisiológico mediante el cual el feto, la placenta y las membranas ovulares son expulsados a través del canal del parto gracias a la acción coordinada de las contracciones uterinas, la dilatación cervical y los mecanismos naturales del descenso fetal.
Cuando este proceso se inicia espontáneamente, progresa sin intervenciones innecesarias y culmina sin complicaciones, se considera la forma más fisiológica de nacimiento.
El término parto natural suele utilizarse popularmente para referirse al parto vaginal. Sin embargo, desde el punto de vista científico, puede tener diferentes interpretaciones. Algunas personas lo emplean para describir un parto sin analgesia farmacológica, mientras que otras lo utilizan simplemente como sinónimo de parto vaginal. Por ello, en la literatura médica se prefiere utilizar el término parto vaginal o parto vaginal espontáneo.
Etimología
La palabra parto procede del latín partus, derivado del verbo parere, cuyo significado es "dar a luz", "engendrar" o "producir".
La palabra vaginal hace referencia a la vía anatómica por la cual se produce el nacimiento, a través de la vagina y del canal del parto.
Un proceso fisiológico extraordinariamente complejo
Aunque socialmente pueda percibirse como un acontecimiento cotidiano, el parto constituye uno de los procesos fisiológicos más complejos del organismo humano.
Su inicio depende de una interacción precisa entre múltiples factores:
- Maduración fetal.
- Activación endocrina placentaria.
- Liberación de prostaglandinas.
- Secreción de oxitocina.
- Remodelación del cuello uterino.
- Cambios biomecánicos de la pelvis materna.
- Contracciones uterinas coordinadas.
No existe un único "interruptor" que inicie el parto. Se trata de una cascada biológica en la que participan simultáneamente la madre, el útero, la placenta y el propio feto.
Las fases del parto
Tradicionalmente, el parto se divide en tres grandes períodos.
Primera etapa: dilatación
Comienza con el establecimiento del trabajo de parto y finaliza cuando el cuello uterino alcanza una dilatación completa de aproximadamente 10 centímetros.
Durante esta fase las contracciones producen modificaciones progresivas del cuello uterino, permitiendo el descenso fetal.
Segunda etapa: expulsivo
Se inicia con la dilatación completa y termina con el nacimiento del recién nacido.
Durante este período se producen los movimientos cardinales del parto:
- Encajamiento.
- Descenso.
- Flexión.
- Rotación interna.
- Extensión.
- Restitución.
- Rotación externa.
- Expulsión.
Estos movimientos permiten que la cabeza fetal atraviese la pelvis materna utilizando el menor diámetro posible.
Tercera etapa: alumbramiento
Comprende el período entre el nacimiento del recién nacido y la expulsión completa de la placenta y las membranas.
El manejo activo del alumbramiento ha demostrado reducir significativamente el riesgo de hemorragia posparto.
Beneficios del parto vaginal
Cuando no existen contraindicaciones obstétricas, el parto vaginal ofrece numerosas ventajas.
Para la madre
- Recuperación más rápida.
- Menor estancia hospitalaria.
- Menor dolor posoperatorio.
- Ausencia de cirugía abdominal.
- Menor riesgo de infección quirúrgica.
- Menor riesgo tromboembólico.
- Menor pérdida sanguínea en la mayoría de los casos.
- Menor incidencia de complicaciones en embarazos posteriores.
- Movilización precoz.
- Inicio más temprano de la alimentación.
Para el recién nacido
El trabajo de parto no solo produce el nacimiento.
También prepara al recién nacido para la vida extrauterina.
Entre sus beneficios destacan:
- Mejor adaptación respiratoria.
- Eliminación fisiológica del líquido pulmonar.
- Activación endocrina neonatal.
- Facilita el contacto piel con piel inmediato.
- Favorece el establecimiento precoz de la lactancia materna.
- Menor necesidad de ingreso neonatal en embarazos de bajo riesgo.
El dolor del parto
El dolor forma parte del proceso fisiológico del parto, aunque su intensidad varía considerablemente entre mujeres.
La obstetricia moderna dispone de múltiples estrategias para aliviarlo sin alterar innecesariamente la evolución del parto.
Entre ellas destacan:
- Analgesia epidural.
- Analgesia intravenosa.
- Óxido nitroso.
- Hidroterapia.
- Técnicas de respiración.
- Cambios posturales.
- Movilidad durante el trabajo de parto.
- Acompañamiento continuo por personal entrenado.
Actualmente el objetivo no consiste en que la mujer "soporte" el dolor, sino en ofrecer una atención humanizada, segura y basada en la evidencia.
¿Cuándo no es recomendable un parto vaginal?
Aunque el parto vaginal representa la vía fisiológica de nacimiento, existen circunstancias en las que la cesárea ofrece una mayor seguridad.
Entre ellas se encuentran:
- Placenta previa oclusiva.
- Rotura uterina.
- Prolapso del cordón umbilical.
- Sufrimiento fetal agudo.
- Determinadas presentaciones fetales.
- Algunas cirugías uterinas previas.
- Desproporción cefalopélvica verdadera.
- Otras indicaciones obstétricas específicas.
En estas situaciones, insistir en un parto vaginal podría poner en riesgo la vida de la madre, del recién nacido o de ambos.
Humanización del nacimiento
Durante las últimas décadas la obstetricia ha evolucionado hacia un modelo centrado en la mujer y en el respeto de la fisiología.
Actualmente se promueve, siempre que sea posible:
- Libertad de movimiento.
- Elección de posiciones durante el parto.
- Presencia de un acompañante.
- Contacto piel con piel inmediato.
- Pinzamiento tardío del cordón umbilical cuando esté indicado.
- Inicio precoz de la lactancia materna.
- Reducción de intervenciones innecesarias.
Este enfoque no implica rechazar la tecnología médica, sino utilizarla únicamente cuando aporta un beneficio real.
Medicina basada en la evidencia
La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) y el Royal College of Obstetricians and Gynaecologists (RCOG) coinciden en que, en un embarazo de bajo riesgo, el parto vaginal espontáneo continúa siendo la vía de nacimiento recomendada.
La cesárea constituye una herramienta indispensable cuando existe una indicación clínica, pero no sustituye al parto vaginal como primera opción en embarazos normales.
La excelencia obstétrica no consiste en favorecer una vía de nacimiento por razones ideológicas, económicas o de conveniencia. Consiste en ofrecer a cada mujer la atención más adecuada según su situación clínica, respetando sus preferencias informadas y garantizando la máxima seguridad para ella y para su hijo.
Introducción a la siguiente entrega
Comprender la fisiología del parto vaginal permite analizar con mayor profundidad uno de los temas más debatidos de la obstetricia contemporánea: el incremento progresivo de las tasas de cesárea en numerosos países, las indicaciones reales de esta cirugía y el papel del parto vaginal después de una cesárea (PVDC/VBAC) como alternativa segura en mujeres adecuadamente seleccionadas.
Referencias
- Organización Mundial de la Salud (WHO). Recommendations: Intrapartum care for a positive childbirth experience.
- American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Approaches to Limit Intervention During Labor and Birth.
- Royal College of Obstetricians and Gynaecologists (RCOG). Guías clínicas sobre atención al parto.
- Cunningham FG, Leveno KJ, Bloom SL, et al. Williams Obstetrics. 26.ª edición.
- Gabbe SG, Niebyl JR, Simpson JL, et al. Obstetrics: Normal and Problem Pregnancies. 8.ª edición.
- FIGO. Recomendaciones internacionales para la atención del parto normal.
Dr. Ramón Reyes, MD
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Cesárea
Historia, etimología, fundamentos obstétricos e importancia en la medicina moderna
Por Dr. Ramón Reyes, MD
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La cesárea constituye una de las intervenciones quirúrgicas más trascendentales en la historia de la obstetricia. Gracias a ella, millones de mujeres y recién nacidos sobreviven cada año a complicaciones que, antes de la medicina moderna, se asociaban a una elevada mortalidad materna y fetal.
Sin embargo, la cesárea nunca fue concebida como una alternativa al parto vaginal, sino como una intervención destinada a resolver aquellas situaciones en las que la continuación del embarazo o del trabajo de parto supone un riesgo inaceptable para la madre, el feto o ambos. Su verdadero valor radica precisamente en ese principio: realizarla cuando está indicada y evitarla cuando no aporta un beneficio clínico demostrado.
¿Qué es una cesárea?
La cesárea es un procedimiento quirúrgico obstétrico mediante el cual el feto, la placenta y las membranas ovulares son extraídos a través de una laparotomía seguida de una histerotomía, evitando el paso por el canal del parto.
Desde el punto de vista quirúrgico, constituye una cirugía mayor abdominal, ya que implica la apertura secuencial de la pared abdominal y del útero bajo anestesia regional o general.
Su objetivo principal consiste en finalizar el embarazo de la forma más segura posible cuando el parto vaginal representa un riesgo superior para la madre, el feto o ambos.
Etimología
El origen del término cesárea ha sido motivo de debate durante siglos.
Existen tres teorías principales:
La Lex Caesarea
La explicación históricamente más aceptada relaciona el término con la Lex Caesarea, una antigua legislación romana atribuida tradicionalmente a la época de Numa Pompilio (siglo VII a. C.), que establecía la extracción del feto del útero de una mujer fallecida antes de proceder a su entierro.
Su finalidad inicial era principalmente religiosa y social, aunque posteriormente adquirió importancia médica.
Julio César
La creencia popular sostiene que Julio César nació mediante cesárea.
Sin embargo, esta hipótesis carece de fundamento histórico. Su madre, Aurelia Cotta, sobrevivió muchos años después del nacimiento de César, cuando las cesáreas practicadas sobre mujeres vivas prácticamente siempre resultaban mortales debido a la ausencia de anestesia, antibióticos y técnicas quirúrgicas adecuadas.
Actualmente esta teoría se considera un mito.
El verbo latino caedere
Otra explicación ampliamente aceptada deriva del verbo latino caedere, cuyo significado es "cortar".
De este verbo proceden términos como caesus ("cortado"), origen lingüístico que explica de forma lógica la denominación de esta intervención.
Breve historia de la cesárea
Las primeras referencias aparecen en textos de la Antigüedad.
Durante siglos, la cesárea se realizaba casi exclusivamente en mujeres fallecidas o moribundas, con el propósito de intentar salvar al feto.
No fue hasta los siglos XIX y XX cuando la combinación de varios avances revolucionó completamente la técnica:
- desarrollo de la anestesia;
- antisepsia y esterilización quirúrgica;
- antibióticos;
- técnicas modernas de sutura uterina;
- bancos de sangre;
- monitorización materna y fetal;
- mejora de la anestesia obstétrica;
- ecografía y diagnóstico prenatal.
Gracias a estos avances, la cesárea pasó de ser un procedimiento desesperado con una mortalidad extremadamente elevada a convertirse en una cirugía altamente segura cuando se practica en centros con recursos adecuados.
La cesárea como procedimiento obstétrico
La obstetricia moderna entiende la cesárea como una herramienta terapéutica.
No constituye un fin en sí mismo.
Forma parte del conjunto de estrategias destinadas a conseguir un único objetivo:
proteger simultáneamente la vida de la madre y del recién nacido.
La decisión de realizar una cesárea siempre debe basarse en una evaluación clínica individualizada.
Indicaciones generales
Las indicaciones pueden clasificarse en:
Indicaciones maternas
- Placenta previa oclusiva.
- Rotura uterina.
- Determinadas cirugías uterinas previas.
- Desproporción cefalopélvica verdadera.
- Algunas enfermedades maternas graves.
- Determinadas infecciones maternas.
Indicaciones fetales
- Sufrimiento fetal agudo.
- Prolapso del cordón umbilical.
- Presentaciones fetales incompatibles con un parto vaginal seguro.
- Algunas anomalías congénitas.
- Embarazos múltiples en circunstancias específicas.
Indicaciones relacionadas con el trabajo de parto
- Fracaso de progresión adecuadamente diagnosticado.
- Distocia mecánica.
- Fracaso de inducción correctamente establecido.
- Otras situaciones obstétricas que comprometan el bienestar materno-fetal.
Cada una de estas situaciones debe valorarse individualmente, evitando tanto la demora injustificada como la indicación innecesaria.
Clasificación
Desde el punto de vista clínico, las cesáreas pueden clasificarse en:
- Programadas o electivas, cuando la indicación se conoce antes del inicio del trabajo de parto.
- Urgentes, cuando aparece una complicación durante el embarazo o el parto que requiere finalizar la gestación en un corto intervalo de tiempo.
- Emergentes o de extrema urgencia, cuando existe una amenaza inmediata para la vida de la madre, del feto o de ambos y cada minuto resulta determinante.
Asimismo, desde el punto de vista técnico, la histerotomía más utilizada actualmente es la incisión segmentaria transversa baja, debido a que presenta menor sangrado, mejor cicatrización y menor riesgo de rotura uterina en embarazos posteriores.
Una cirugía mayor
Con frecuencia la sociedad percibe la cesárea como un procedimiento rutinario.
Desde el punto de vista médico, esa percepción es incorrecta.
Toda cesárea implica:
- anestesia;
- apertura de la pared abdominal;
- apertura del útero;
- extracción fetal;
- alumbramiento de la placenta;
- reparación quirúrgica por planos;
- vigilancia postoperatoria.
Como cualquier cirugía mayor, puede asociarse a hemorragia, infección, lesiones de órganos vecinos, complicaciones anestésicas y tromboembolismo, aunque estos riesgos han disminuido de forma extraordinaria gracias a los avances de la medicina moderna.
La importancia del trabajo multidisciplinario
La cesárea moderna representa uno de los mejores ejemplos de medicina multidisciplinaria.
En ella participan de forma coordinada:
- obstetras;
- anestesiólogos;
- matronas;
- personal de enfermería obstétrica;
- neonatólogos;
- pediatras;
- técnicos de cuidados auxiliares;
- banco de sangre;
- laboratorio clínico;
- servicios de apoyo quirúrgico.
El éxito del procedimiento depende tanto de la correcta indicación como de la coordinación de todo el equipo.
Medicina basada en la evidencia
Las principales sociedades científicas internacionales —entre ellas la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), el American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) y el Royal College of Obstetricians and Gynaecologists (RCOG)— coinciden en un principio fundamental:
La cesárea salva vidas cuando está médicamente indicada.
Al mismo tiempo, estas organizaciones recuerdan que realizar una cesárea sin una indicación clínica clara expone a la madre y al recién nacido a riesgos quirúrgicos innecesarios, además de incrementar las complicaciones obstétricas en embarazos futuros.
Por ello, el objetivo de la obstetricia moderna no consiste en realizar más o menos cesáreas, sino en indicar la cesárea correcta, en la paciente correcta y en el momento correcto.
Introducción a la siguiente entrega
Comprender qué es una cesárea constituye el primer paso para analizar uno de los temas más debatidos de la obstetricia contemporánea: el incremento sostenido de las tasas de cesárea en numerosos países del mundo y el delicado equilibrio entre la necesidad médica, la seguridad materno-fetal y la posible sobreutilización de esta intervención.
Ese será el tema de la próxima entrega.
Referencias
- Organización Mundial de la Salud (WHO). Caesarean section. Actualización 2025.
- American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG). Cesarean Birth.
- Royal College of Obstetricians and Gynaecologists (RCOG). Birth by Caesarean Section.
- Cunningham FG, Leveno KJ, Bloom SL, et al. Williams Obstetrics. 26th Edition.
- Gabbe SG, Niebyl JR, Simpson JL, et al. Obstetrics: Normal and Problem Pregnancies. 8th Edition.
- FIGO. Recomendaciones internacionales sobre cesárea y seguridad obstétrica.
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PARTO VAGINAL DESPUÉS DE UNA CESÁREA
La cesárea anterior no obliga necesariamente a repetir la cirugía
Por Dr. Ramón Reyes, MD
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Haber tenido anteriormente un parto por cesárea no significa que todos los embarazos posteriores deban terminar de la misma manera.
Muchas mujeres adecuadamente seleccionadas pueden intentar un trabajo de parto después de una cesárea y dar a luz por vía vaginal. Este procedimiento se denomina parto vaginal después de cesárea —PVDC—, conocido internacionalmente como VBAC, vaginal birth after cesarean. El intento planificado de trabajo de parto recibe el nombre de TOLAC, trial of labor after cesarean.
Después de una sola cesárea, aproximadamente tres de cada cuatro mujeres con un embarazo sin complicaciones que inician espontáneamente el trabajo de parto consiguen un nacimiento vaginal. Cuando la mujer ya ha tenido previamente un parto vaginal, especialmente un PVDC satisfactorio, la probabilidad de éxito puede situarse entre el 80 y el 90 %.
El PVDC no debe entenderse como una oposición ideológica a la cesárea. La cesárea es una intervención extraordinaria que salva vidas cuando existe una indicación materna o fetal. La cuestión fundamental es evitar que una cirugía mayor se transforme, sin justificación clínica suficiente, en el desenlace automático de cada embarazo posterior.
Beneficios de un PVDC satisfactorio
Cuando está correctamente indicado y culmina con éxito, el parto vaginal después de una cesárea puede proporcionar:
- Menor estancia hospitalaria.
- Recuperación posparto más rápida.
- Menor dolor y limitación funcional.
- Ausencia de una nueva cirugía abdominal.
- Menor riesgo de infección quirúrgica.
- Menor exposición a complicaciones anestésicas.
- Menor probabilidad de lesión vesical, intestinal o vascular.
- Menor riesgo de hemorragia y transfusión.
- Contacto piel con piel más temprano.
- Mayor facilidad para iniciar precozmente la lactancia.
- Menor número acumulativo de cicatrices uterinas.
- Menor complejidad en embarazos y partos posteriores.
El Royal College of Obstetricians and Gynaecologists señala que un PVDC exitoso presenta menos complicaciones que una nueva cesárea y facilita una recuperación más rápida, una estancia hospitalaria más corta y el contacto temprano con el recién nacido.
Riesgos del intento de parto vaginal
El PVDC no está exento de riesgos y requiere una selección clínica apropiada.
La complicación más grave es la rotura uterina sobre la cicatriz de la cesárea anterior. En mujeres con una cicatriz transversal baja y trabajo de parto espontáneo, el riesgo absoluto es reducido, pero no inexistente. El RCOG estima aproximadamente una rotura por cada 200 intentos de PVDC; la inducción del parto puede aumentar ese riesgo entre dos y tres veces.
Aproximadamente una de cada cuatro mujeres que intenta un PVDC puede necesitar finalmente una cesárea urgente, generalmente por detención del progreso del parto o alteraciones del bienestar fetal. Una cesárea realizada durante el trabajo de parto suele conllevar más riesgo que una cesárea programada, especialmente de infección, hemorragia o transfusión.
Por eso el PVDC debe realizarse en una institución con:
- Vigilancia materna y fetal continua.
- Capacidad para reconocer precozmente una complicación.
- Obstetra, anestesia, quirófano y personal neonatal disponibles.
- Posibilidad real de efectuar una cesárea urgente.
- Banco de sangre o acceso inmediato a hemoderivados.
- Protocolos claros de actuación ante rotura uterina o compromiso fetal.
No debe planificarse un PVDC en un lugar incapaz de responder oportunamente a una emergencia obstétrica.
¿Quién puede ser candidata?
La evaluación debe individualizarse, pero suelen considerarse candidatas favorables las mujeres que presentan:
- Una cesárea previa con incisión uterina transversal baja.
- Embarazo único.
- Presentación cefálica.
- Ausencia de placenta previa.
- Ausencia de contraindicación actual para el parto vaginal.
- Ausencia de antecedente de rotura uterina.
- Ausencia de determinadas cirugías uterinas profundas.
- Embarazo sin complicaciones que obliguen a finalizarlo por cesárea.
- Institución con capacidad inmediata para resolver una emergencia.
Es importante diferenciar la cicatriz visible en la piel de la incisión realizada en el útero. Una cicatriz abdominal transversal no demuestra necesariamente que la incisión uterina haya sido también transversal. Por ello puede ser necesario revisar el informe operatorio de la cesárea anterior.
Situaciones que exigen una valoración especialmente cuidadosa
No todas estas circunstancias representan por sí mismas una prohibición absoluta, pero pueden modificar la probabilidad de éxito o aumentar el riesgo:
- Dos o más cesáreas anteriores.
- Incisión uterina clásica o vertical alta.
- Inducción o estimulación farmacológica del parto.
- Intervalo corto entre embarazos.
- Sospecha de macrosomía fetal.
- Embarazo múltiple.
- Presentación no cefálica.
- Obesidad materna.
- Ausencia de parto vaginal previo.
- Cesárea anterior por detención del trabajo de parto.
- Edad gestacional avanzada.
- Enfermedad materna o fetal concomitante.
La decisión no debe basarse en una fórmula mecánica ni utilizar calculadoras como instrumentos para negar automáticamente el acceso al PVDC. Debe surgir de una evaluación clínica individualizada y de una conversación informada entre la mujer y el equipo obstétrico.
LA OTRA CARA DEL PROBLEMA: EL ABUSO DE LA CESÁREA
Una cirugía que salva vidas no debe convertirse en un modelo de negocio
La cesárea es indispensable cuando existe sufrimiento fetal, placenta previa oclusiva, desprendimiento prematuro de placenta, determinadas presentaciones anómalas, desproporción cefalopélvica verdadera, rotura uterina, prolapso de cordón, fracaso real del trabajo de parto u otra indicación obstétrica debidamente establecida.
Pero una intervención puede ser necesaria y salvadora en unos casos y, simultáneamente, estar siendo utilizada en exceso en otros.
La Organización Mundial de la Salud reconoce que la cesárea, cuando está médicamente indicada, puede prevenir mortalidad materna y neonatal. Sin embargo, el aumento de las tasas poblacionales por encima de aproximadamente el 10 % no se ha asociado por sí mismo con reducciones adicionales de mortalidad. La OMS también advierte que su uso innecesario expone a mujeres y niños a riesgos inmediatos y futuros.
La discusión, por tanto, no es cesárea sí o cesárea no.
La discusión correcta es:
¿Cesárea médicamente necesaria o cesárea realizada porque resulta más rentable, predecible, cómoda o fácil de organizar que acompañar durante horas un trabajo de parto?
República Dominicana: dos realidades obstétricas dentro del mismo país
Quien haya conocido directamente la obstetricia dominicana sabe que la experiencia de la mujer puede cambiar profundamente dependiendo del lugar donde sea atendida y de su capacidad económica.
En el hospital público, la mujer suele ingresar en trabajo de parto, permanecer bajo vigilancia y avanzar hacia el nacimiento vaginal mientras no aparezca una indicación clínica para intervenir. En el sector privado, especialmente entre determinados segmentos de clase media y alta, la cesárea programada se ha normalizado hasta el punto de convertirse en la vía predominante de nacimiento.
Los datos oficiales confirman que esta diferencia no es imaginaria.
La Jornada Nacional de Salud Materna, publicada por el Ministerio de Salud Pública dominicano en 2025 y basada en datos de MISPAS de 2023, señala que las cesáreas alcanzaron aproximadamente:
- 90 % de los nacimientos en centros privados.
- 47 % de los nacimientos en el sistema público.
Otro informe oficial de monitoreo sanitario registró en 2019:
- 91 % de cesáreas en centros privados.
- 48 % en establecimientos del Servicio Nacional de Salud.
El propio director del Servicio Nacional de Salud ya había advertido públicamente en 2017 que las cesáreas representaban aproximadamente el 90 % de los nacimientos privados y el 50 % de los públicos.
Es decir, la probabilidad de que una mujer tenga una cesárea prácticamente se duplica dependiendo de si da a luz en el sistema público o en una clínica privada.
Una diferencia de tal magnitud no puede explicarse únicamente por variaciones biológicas entre mujeres, por edad materna o por complejidad obstétrica. El sector público atiende, además, una enorme carga de embarazos vulnerables, urgencias, comorbilidades y complicaciones. Aun así, su proporción de cesáreas es muy inferior a la privada.
El contraste obliga a analizar no solo las indicaciones clínicas, sino también los incentivos económicos, la organización institucional, la programación de agendas y la cultura obstétrica predominante.
¿Dónde aparece el negocio?
Hablar del negocio detrás de determinadas cesáreas no equivale a afirmar que toda cesárea privada sea innecesaria ni que todo obstetra actúe incorrectamente.
Significa reconocer una realidad estructural: en un sistema de pago por acto, una cesárea programada puede generar honorarios médicos, anestésicos, quirúrgicos, hospitalarios y neonatales superiores; permite utilizar una fecha y una hora previamente establecidas; reduce la incertidumbre de acompañar un trabajo de parto prolongado; evita interrupciones nocturnas, fines de semana o días festivos; y facilita organizar la agenda del profesional y de la clínica.
La operación puede programarse. El parto fisiológico no.
En ciertos modelos privados, el proceso puede comenzar desde las consultas prenatales:
- La mujer recibe progresivamente mensajes que le hacen pensar que probablemente no podrá parir.
- Se enfatizan el dolor, la duración o las posibles complicaciones del parto vaginal.
- Se presenta la cesárea como una alternativa controlada, rápida, moderna y predecible.
- Se identifica una justificación clínica que a veces resulta débil, discutible o insuficientemente explicada.
- Se fija anticipadamente la fecha del ingreso.
- El nacimiento queda convertido en una transacción programada alrededor de una intervención quirúrgica.
En otros casos, la propia gestante solicita la cesárea por miedo al dolor, experiencias familiares, temor al daño perineal, comodidad o deseo de seleccionar la fecha. Pero una solicitud materna no exonera al profesional de ofrecer información completa, analgesia obstétrica adecuada, preparación para el parto y una explicación honesta de los riesgos acumulativos de la cirugía.
La OMS ha estudiado expresamente las intervenciones no clínicas destinadas a reducir cesáreas innecesarias y ha incluido entre ellas la modificación de incentivos financieros, la equiparación de honorarios entre parto vaginal y cesárea, la auditoría de indicaciones y cambios organizativos. Esto significa que los factores económicos e institucionales no son una invención: forman parte reconocida del problema internacional.
No es un fenómeno exclusivamente dominicano
El abuso de la cesárea aparece en numerosos países y sistemas sanitarios, particularmente donde existen incentivos económicos, preferencia por la programación, temor médico-legal, escasez de matronas o modelos privados de pago por procedimiento.
En América Latina y el Caribe, alrededor del 43 % de los nacimientos ya se producen mediante cesárea, una de las proporciones regionales más elevadas del mundo. La OMS ha incluido a República Dominicana entre los países con tasas particularmente altas.
Incluso en España persiste una diferencia relevante: datos del Sistema Nacional de Salud correspondientes a 2022 situaron la cesárea en el 34,5 % de los partos de la sanidad privada frente al 22,4 % de la pública. Por supuesto, la brecha española es muy inferior a la dominicana, pero demuestra que la asociación entre modelo privado, programación e incremento de cesáreas no pertenece exclusivamente a un país.
La diferencia esencial es de escala: un 90 % de cesáreas en el ámbito privado no representa una variación moderada, sino una práctica convertida prácticamente en norma.
CONSECUENCIAS REALES DE UNA CESÁREA INNECESARIA
Riesgos maternos inmediatos
La cesárea no es “sacar al niño por arriba”. Es una cirugía mayor abdominal y uterina.
Puede asociarse con:
- Hemorragia obstétrica.
- Necesidad de transfusión.
- Endometritis.
- Infección de la herida.
- Dehiscencia quirúrgica.
- Lesión vesical, ureteral o intestinal.
- Complicaciones anestésicas.
- Tromboembolismo venoso.
- Dolor posoperatorio.
- Íleo y dificultad para movilizarse.
- Mayor estancia hospitalaria.
- Recuperación física más lenta.
- Reingreso hospitalario.
- Histerectomía en situaciones extremas.
- Muerte materna, aunque sea infrecuente.
La OMS señala entre sus riesgos la transfusión, las complicaciones anestésicas, la lesión de órganos, la infección y la enfermedad tromboembólica.
Consecuencias para el recién nacido
Una cesárea programada, particularmente cuando se realiza antes de las 39 semanas o antes del inicio espontáneo del trabajo de parto, puede aumentar el riesgo de:
- Taquipnea transitoria del recién nacido.
- Dificultad respiratoria.
- Necesidad de oxígeno o soporte ventilatorio.
- Ingreso en unidad neonatal.
- Separación inicial entre madre e hijo.
- Retraso del contacto piel con piel.
- Inicio más tardío de la lactancia cuando la situación clínica lo impide.
- Mayor riesgo de nacimiento iatrogénicamente prematuro si la edad gestacional fue calculada incorrectamente.
El RCOG recomienda que la cesárea electiva repetida se realice habitualmente después de las 39 semanas porque los nacidos antes tienen mayor probabilidad de requerir asistencia neonatal por problemas respiratorios.
El trabajo de parto no es un acontecimiento inútil. Participa en la adaptación endocrina, cardiovascular y respiratoria del feto a la vida extrauterina. Cuando no existe indicación médica, eliminarlo por conveniencia no puede presentarse como una intervención neutra.
Recuperación, vínculo y lactancia
La cesárea no impide necesariamente el contacto piel con piel ni la lactancia. Con anestesia regional, protocolos adecuados y estabilidad materno-neonatal, ambos pueden iniciarse tempranamente.
Pero en la práctica real, una cirugía complicada, el dolor, las náuseas, el temblor anestésico, la hipotensión, la sedación, la vigilancia posanestésica o la separación institucional pueden retrasar:
- El primer contacto directo.
- La primera toma.
- La movilización materna.
- El alojamiento conjunto.
- La autonomía para atender al recién nacido.
No debe afirmarse que toda madre sometida a cesárea estará sedada o no podrá amamantar; sí debe reconocerse que la intervención introduce obstáculos que no forman parte del parto vaginal no complicado.
Cada cesárea condiciona los embarazos siguientes
La primera cesárea no termina cuando se cierra la piel.
La cicatriz permanece en el útero y modifica el riesgo de los embarazos posteriores. Con cada nueva cesárea aumenta progresivamente la probabilidad de:
- Placenta previa.
- Placenta acreta, increta o percreta.
- Rotura uterina.
- Embarazo ectópico sobre la cicatriz.
- Adherencias intraabdominales.
- Lesión vesical o intestinal en nuevas cirugías.
- Hemorragia masiva.
- Transfusión.
- Histerectomía obstétrica.
- Dificultad quirúrgica creciente.
- Infertilidad secundaria en determinados casos.
La OMS advierte que estos riesgos pueden aparecer años después y aumentar progresivamente con el número de cesáreas previas.
Por eso, cuando se indica una primera cesárea sin necesidad suficiente, no se decide únicamente cómo nacerá ese niño. Se modifica potencialmente toda la historia reproductiva futura de la mujer.
LA FALSA ELECCIÓN ENTRE DOLOR Y CIRUGÍA
El trabajo de parto puede ser largo, intenso y doloroso. Negarlo sería absurdo.
Pero la alternativa al dolor del parto no tiene por qué ser automáticamente una cirugía abdominal. La analgesia epidural, el acompañamiento continuo, la movilidad, las posiciones libres, el apoyo de matronas, la preparación prenatal y un entorno respetuoso permiten reducir el sufrimiento sin eliminar innecesariamente el proceso fisiológico.
La mujer debe poder decidir, pero el consentimiento solo es auténticamente informado cuando conoce:
- Los beneficios y riesgos del parto vaginal.
- Los beneficios y riesgos de la cesárea.
- Las opciones de analgesia.
- La indicación clínica exacta propuesta.
- Las alternativas disponibles.
- Las consecuencias para embarazos futuros.
- La posibilidad de solicitar una segunda valoración cuando la situación no sea urgente.
No existe decisión verdaderamente libre cuando la información se presenta de manera sesgada, cuando se infunde miedo o cuando la opción vaginal ni siquiera se ofrece como posibilidad real.
¿CÓMO REDUCIR LAS CESÁREAS INNECESARIAS?
Las soluciones deben dirigirse al sistema completo:
- Publicar las tasas de cesárea de cada hospital y clínica, diferenciando pacientes de bajo y alto riesgo.
- Clasificar las cesáreas mediante el sistema de Robson, recomendado internacionalmente para comparar instituciones.
- Auditar obligatoriamente las indicaciones, especialmente en primíparas de bajo riesgo.
- Equiparar los honorarios profesionales del parto vaginal y la cesárea, evitando que la cirugía resulte financieramente más atractiva.
- Garantizar analgesia obstétrica disponible, para que el miedo al dolor no determine la vía del nacimiento.
- Fortalecer el papel de las matronas y el acompañamiento continuo durante el parto.
- Evitar diagnósticos prematuros de fracaso del trabajo de parto, respetando tiempos fisiológicos razonables.
- Reducir inducciones y cesáreas por conveniencia de agenda.
- Facilitar el PVDC en candidatas adecuadas, con infraestructura para resolver emergencias.
- Ofrecer información prenatal equilibrada, no orientada a conducir a la mujer hacia una intervención predeterminada.
- Revisar los sistemas de aseguramiento y facturación, incluyendo honorarios, incentivos y pagos institucionales.
- Respetar el derecho de la mujer a una segunda opinión, salvo emergencia inmediata.
La OMS recomienda estrategias educativas, clínicas, organizativas y financieras para disminuir cesáreas médicamente innecesarias dentro de una atención respetuosa y segura.
REFLEXIÓN PROFESIONAL
Me formé como médico en República Dominicana, iniciando mis estudios en 1990, y participé directamente en la atención de aproximadamente doscientos partos durante mi formación y práctica hospitalaria. Posteriormente he conocido y ejercido dentro de la medicina europea.
Esa experiencia me permite comparar dos culturas asistenciales.
En los hospitales públicos dominicanos donde me formé, una mujer sin una indicación obstétrica para cirugía hacía su trabajo de parto y paría. La cesárea estaba disponible cuando era necesaria, pero no constituía el resultado automático de tener seguro, dinero o capacidad para pagar una clínica.
En determinados espacios de la medicina privada, la lógica puede ser diferente: la fecha se programa, la intervención se organiza y la familia llega sabiendo cuándo nacerá el niño, aunque la fisiología no haya iniciado todavía el proceso.
No toda cesárea programada es injustificada. No todo parto vaginal es seguro. No todos los profesionales actúan del mismo modo.
Pero tampoco puede ocultarse una realidad documentada: cuando alrededor de nueve de cada diez nacimientos privados terminan mediante cirugía, frente a menos de la mitad en el sistema público, existe un fenómeno estructural que trasciende las indicaciones obstétricas individuales.
La mujer pobre no posee una anatomía más apta para parir que la mujer de clase media o alta.
Su pelvis no es diferente por carecer de seguro privado.
Su útero no funciona mejor porque no pueda pagar una clínica.
La diferencia está en el modelo asistencial, en los incentivos, en la cultura médica, en las expectativas sociales y en la forma de financiar el nacimiento.
CONCLUSIÓN
La cesárea es una intervención esencial y debe estar disponible para toda mujer que la necesite, independientemente de su capacidad económica.
Pero una cesárea innecesaria no representa un avance. Representa la exposición de una mujer y de su hijo a los riesgos de una cirugía mayor sin un beneficio clínico proporcional.
Una cesárea anterior tampoco debe convertirse automáticamente en una condena a repetir cesáreas. Muchas mujeres pueden intentar de forma segura un parto vaginal después de cesárea cuando han sido apropiadamente seleccionadas y atendidas en un centro preparado.
El objetivo no es alcanzar una cifra arbitraria ni imponer el parto vaginal a toda costa.
El objetivo es sencillo:
Realizar la cesárea correcta, a la mujer correcta, por la indicación correcta y en el momento correcto.
El nacimiento no debe organizarse exclusivamente alrededor de una agenda, una factura, un quirófano o la comodidad del sistema.
La medicina debe acompañar la fisiología cuando es segura e intervenir cuando realmente es necesario.
Porque la cesárea puede salvar dos vidas.
Pero precisamente por eso, nunca debe banalizarse ni transformarse en una operación rutinaria para mujeres que podrían parir de manera segura.
Nombres y términos relacionados
- Parto vaginal después de cesárea.
- PVDC.
- VBAC.
- Trabajo de parto después de cesárea.
- TOLAC.
- Cesárea electiva repetida.
- ERCS.
- Prueba de trabajo de parto.
- Rotura uterina.
- Cicatriz uterina.
- Cesárea innecesaria.
- Cesárea por solicitud materna.
Referencias principales y fuentes oficiales
- Organización Mundial de la Salud. WHO Statement on Caesarean Section Rates.
- Organización Mundial de la Salud. Caesarean section rates continue to rise amid growing inequalities in access.
- Organización Mundial de la Salud. Non-clinical interventions to reduce unnecessary caesarean sections.
- Ministerio de Salud Pública de República Dominicana. Jornada Nacional de Salud Materna, 2025.
- Ministerio de Salud Pública de República Dominicana. Informe de monitoreo de indicadores de salud, datos de 2019.
- Servicio Nacional de Salud de República Dominicana. Estadísticas sobre partos por cesárea en centros públicos y privados.
- American College of Obstetricians and Gynecologists. Vaginal Birth After Cesarean Delivery.
- Royal College of Obstetricians and Gynaecologists. Birth after previous caesarean.
- Royal College of Obstetricians and Gynaecologists. Birth after Previous Caesarean Birth. Green-top Guideline No. 45.
- Sandall J, Tribe RM, Avery L, et al. Short-term and long-term effects of caesarean section on the health of women and children. The Lancet.
- Keag OE, Norman JE, Stock SJ. Long-term risks and benefits associated with cesarean delivery for mother, baby, and subsequent pregnancies. PLoS Medicine.
Publicado por Dr. Ramón Reyes, MD
EMS Solutions International
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Aviso sanitario
Este contenido tiene una finalidad educativa y no sustituye la evaluación obstétrica individual. La vía del nacimiento debe decidirse considerando la historia clínica, el embarazo actual, las preferencias informadas de la mujer y la capacidad resolutiva del centro sanitario.







