🇮🇱🇮🇷 Conoce las redes de apoyo y oposición de #Israel e #Irán en #OrienteMedio, a qué se debe, los factores religiosos y las claves militares 👇
QUIÉN ESTÁ CON ISRAEL Y QUIÉN ESTÁ CON IRÁN EN ORIENTE MEDIO
Corrección geopolítica rigurosa de los esquemas simplificados y mapa real de alianzas, convergencias, proxies y rivalidades en 2026
DrRamonReyesMD
Introducción
La pregunta “quién está con Israel y quién está con Irán” parece sencilla, pero en Oriente Medio casi nunca admite una respuesta binaria. La región no funciona como dos bloques compactos equivalentes a alianzas militares formales de tipo OTAN contra Pacto de Varsovia. Funciona, más bien, mediante una combinación de tratados de paz, normalizaciones diplomáticas, cooperación de inteligencia, hostilidad ideológica, guerra por delegación, mediación oportunista y equilibrios de supervivencia estatal. Por eso, cualquier infografía que coloque banderas en dos columnas cerradas suele ser útil para divulgación rápida, pero casi siempre resulta analíticamente incompleta o directamente engañosa.
La corrección esencial es ésta: Israel sí tiene socios estatales formales y socios funcionales, mientras que Irán dispone sobre todo de una red de influencia compuesta por aliados no estatales, milicias, partidos armados y estructuras híbridas del llamado “Eje de la Resistencia”. No son arquitecturas simétricas. Israel se apoya más en tratados, reconocimiento diplomático y cooperación interestatal; Irán, en cambio, proyecta poder sobre todo mediante proxies, socios armados y penetración político-militar en varios teatros.
Además, en 2026 la foto regional está todavía más matizada por la guerra abierta entre Israel e Irán, por la continuidad de la crisis de Gaza, por la fragilidad del Líbano, por la volatilidad del sistema iraquí y por el hecho de que varios Estados árabes que comparten preocupación estratégica frente a Irán no han dejado por ello de criticar duramente la política israelí en Gaza y Cisjordania. Dicho con precisión: coincidir con Israel frente a Irán no convierte automáticamente a un Estado árabe en “aliado de Israel” en todos los planos.
La primera corrección doctrinal: no hablar de “aliados” donde solo hay convergencias
El primer error del esquema simplificado es terminológico. En análisis serio hay que separar al menos cuatro categorías: aliado formal, socio con relaciones diplomáticas, actor con convergencia táctica y mediador o actor bisagra. Egipto y Jordania son Estados con tratados de paz con Israel; Emiratos Árabes Unidos y Bahréin son Estados que normalizaron relaciones bajo los Acuerdos de Abraham; Arabia Saudí comparte percepción de amenaza sobre Irán, pero no ha normalizado relaciones con Israel y ha reiterado que no lo hará sin un Estado palestino; Turquía mantiene relaciones diplomáticas con Israel, pero en la coyuntura actual se sitúa políticamente en una posición muy crítica con la guerra israelí y ha condenado los ataques contra Irán; Qatar y Omán actúan más como mediadores y bisagras que como piezas de un bloque israelí o iraní.
Por tanto, el mapa correcto no es “quién está con Israel” en términos absolutos, sino qué Estados mantienen paz, reconocimiento, cooperación o convergencia con Israel, y cuáles mantienen hostilidad declarada, rivalidad estructural o alineamiento operativo con Irán. Esa formulación es mucho más exacta y evita confundir paz fría con alianza militar, normalización con apoyo incondicional o mediación con pertenencia a un bloque.
Israel: quién está realmente con Israel
Si se usa un criterio estricto, los socios estatales más claros de Israel dentro de Oriente Medio son, en grados distintos, Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Egipto firmó la paz con Israel en 1979 y Jordania en 1994; ambos tratados siguen vigentes y constituyen pilares estructurales del orden regional, aunque la relación sea muchas veces fría, tensionada y políticamente impopular en amplios sectores de sus sociedades. Emiratos y Bahréin normalizaron relaciones con Israel en 2020 mediante los Acuerdos de Abraham, que abrieron canales diplomáticos, económicos y de seguridad que, pese al enorme desgaste político causado por Gaza, no han desaparecido.
Ahora bien, sería un error presentar a Egipto o Jordania como “aliados israelíes” en un sentido ideológico o militar expansivo. Son, con más exactitud, Estados con paz formal, coordinación de seguridad y fuertes límites políticos internos. Ambos han criticado repetidamente decisiones israelíes sobre Gaza y Cisjordania, y su cooperación con Israel responde mucho más a razones de estabilidad fronteriza, contención del caos regional y defensa de sus intereses estatales que a una afinidad estratégica plena.
Emiratos Árabes Unidos sí mantiene una relación más funcional y moderna con Israel en áreas como tecnología, comercio y seguridad, pero ni siquiera Emiratos puede definirse hoy como “alineado sin reservas”. Reuters ha informado que Abu Dabi ha mantenido el vínculo pese a Gaza, aunque lo ha gestionado con mucha menos visibilidad pública, y también ha considerado posibles medidas de presión si Israel diera pasos de anexión en Cisjordania. Es decir: es un socio normalizado, no un apéndice diplomático de Jerusalén.
Bahréin también entra en la categoría de Estado normalizado con Israel, pero con un margen interno estrecho y una opinión pública mucho más tensa. Manama ha intentado equilibrar la preservación del vínculo con Israel y con Estados Unidos, por un lado, y el coste político interno de la guerra en Gaza, por otro. Eso lo sitúa de nuevo en la categoría correcta: relación diplomática mantenida, pero no alianza simple, lineal ni libre de fricción.
Arabia Saudí no debe figurar, a día de hoy, en una lista de Estados “con Israel” si se pretende rigor. Riad comparte con Israel la preocupación por la proyección regional iraní, por el programa nuclear de Teherán y por la red de misiles, drones y proxies vinculados a la República Islámica. Sin embargo, Arabia Saudí no ha normalizado relaciones con Israel y ha reiterado públicamente que no lo hará sin un Estado palestino. En 2026, además, la guerra con Irán ha endurecido las percepciones de amenaza, pero eso no cambia el dato jurídico-político fundamental: Riad no es un socio diplomático formal de Israel.
Turquía tampoco puede colocarse seriamente en el bloque “con Israel” en la coyuntura actual, aunque mantenga relaciones diplomáticas. De hecho, Reuters ha recogido tanto que Ankara conserva la relación diplomática como que el presidente Erdoğan ha condenado los ataques contra Irán como una violación del derecho internacional y se ha posicionado como actor de contención y mediación, no como socio israelí en esta crisis. Por tanto, Turquía es un actor autónomo, competitivo y oscilante, no una pieza del frente proisraelí.
Israel: quién se opone a Israel
En el eje de oposición a Israel, el actor central es Irán como Estado. Teherán no reconoce la legitimidad del Estado de Israel y desde hace décadas ha construido una red regional orientada a disuadir, desgastar o cercar estratégicamente a Israel mediante presión directa e indirecta. Esa red incluye actores estatales, cuasi estatales y no estatales, pero no todos con el mismo grado de dependencia ni con la misma disciplina operativa.
El caso más sólido y clásico es Hezbolá en Líbano, que constituye el ejemplo paradigmático de proxy o socio armado estratégico de Irán. Reuters sigue describiéndolo en 2026 como un actor respaldado por Irán, y la literatura académica lo trata como uno de los ejemplos más nítidos de relación estado-proxy duradera y funcional al diseño regional iraní. No es solo un partido libanés con armas; es, además, una herramienta de proyección regional de enorme valor para Teherán.
La Yihad Islámica Palestina sí debe colocarse, con bastante claridad, dentro del campo proiraní. Reuters la ha definido explícitamente como una facción palestina con respaldo iraní. En términos comparativos, suele ser un vínculo más directo y lineal con Teherán que el de Hamás. Si alguien quiere elaborar un esquema breve y riguroso, la Yihad Islámica Palestina encaja mejor que Hamás en la categoría de proxy palestino más estrechamente asociado a Irán.
Hamás exige más cuidado analítico. Es hostil a Israel, ha recibido durante años apoyo iraní y en 2025 Hamás afirmó públicamente que Irán estaba “pagando el precio” por apoyar a los militantes palestinos de Gaza. Sin embargo, Hamás no es idéntico a Hezbolá ni debe describirse como un simple proxy totalmente controlado desde Teherán. La relación ha sido real, intensa y operativa en muchos periodos, pero también ha sufrido tensiones, divergencias y márgenes propios de agenda palestina y suní. La formulación correcta es: Hamás pertenece al entorno de alineamiento antiisraelí donde Irán es un patrocinador importante, pero su grado de subordinación a Teherán no es equiparable al de Hezbolá.
En Yemen, los hutíes forman parte del cuadro de actores armados hostiles a Israel y vinculados a Irán, pero también aquí hay que evitar la caricatura. Reuters los describe como “Iran-backed” o “Iran-supported”, mientras que la literatura académica subraya que la relación ha crecido mucho con el tiempo, aunque no siempre debe reducirse a obediencia total ni a una simple marionetización. Lo correcto es decir que los hutíes son un socio armado proiraní de importancia estratégica creciente, especialmente por su capacidad para afectar el Mar Rojo, la navegación y la proyección misilística y drónica regional.
En Irak, la situación es mucho más compleja de lo que sugieren las infografías con una sola bandera iraquí. No es correcto decir sin matices “Irak está con Irán” ni “las milicias chiíes de Irak” como un bloque homogéneo. Reuters ha documentado que Irán invirtió durante años en construir redes de influencia y milicias en Irak y que varias de ellas dominaron o penetraron las Fuerzas de Movilización Popular, pero también ha mostrado en 2026 que muchas de esas organizaciones ya no responden con la cohesión de antes y que algunas son reacias a arrastrarse a una guerra abierta por Teherán. La fórmula rigurosa es: dentro del sistema iraquí existen facciones y milicias proiraníes relevantes, pero no todo Irak ni toda la PMF pueden equipararse a un instrumento uniforme de Irán.
En Siria, el esquema de “facciones en Siria contra Israel” también requiere cirugía analítica. Tras la caída de Bashar al-Assad en 2024, según Reuters, el entramado regional de Irán perdió una pieza estratégica central, lo que debilitó la coordinación del llamado Eje de la Resistencia. En Siria existen remanentes, redes, milicias y actores armados con posiciones antiisraelíes, pero agrupar “facciones sirias” como un bloque coherente equivalente a Hezbolá o a los hutíes no es correcto.
Irán: quién está realmente con Irán
Si la pregunta se formula con rigor, quién está con Irán no se responde primero con Estados árabes, sino con la constelación del Eje de la Resistencia. Ahí sí deben aparecer, en distintos grados, Hezbolá, Yihad Islámica Palestina, los hutíes y diversas facciones iraquíes proiraníes. Hamás debe incluirse, pero con nota al pie analítica: está dentro del ecosistema de cooperación y apoyo iraní, aunque no como una pieza tan orgánicamente integrada como Hezbolá.
Lo importante aquí es entender que Irán no compensa su menor red de tratados estatales regionales con “amistades”, sino con profundidad estratégica armada. Su poder regional se ha basado en armar, financiar, entrenar, asesorar o integrar a organizaciones capaces de abrir varios frentes contra Israel, Estados Unidos o los rivales árabes de Teherán. Esa lógica explica mejor la arquitectura iraní que cualquier lista simplista de banderas estatales.
Irán: quién se opone realmente a Irán
En sentido estricto regional, los Estados árabes que más claramente se oponen a la expansión regional iraní son Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, y también, con matices diferentes, Jordania. Todos ellos perciben como amenaza la combinación de programa misilístico, capacidad drónica, red de proxies y posibilidad de desestabilización interior asociada a Irán. Reuters ha informado incluso de advertencias saudíes directas a Teherán y de ataques iraníes o atribuidos a Irán contra varios Estados del Golfo en la guerra actual.
Pero de nuevo hay que corregir el exceso de simplificación: estar contra Irán no es igual a estar con Israel. Arabia Saudí, Emiratos, Jordania, Egipto, Qatar o Turquía pueden rechazar la expansión iraní y, al mismo tiempo, condenar políticas israelíes sobre Palestina o rechazar acciones militares israelíes contra Irán. Eso es exactamente lo que hace que el tablero regional se parezca más a una red de superposiciones que a una guerra de dos bloques puros.
Turquía merece aquí una rectificación explícita frente a muchas infografías. Ankara es rival histórico de la expansión iraní en varios teatros y compite con Teherán por influencia, pero en 2026 ha condenado abiertamente los ataques israelíes y estadounidenses sobre Irán y ha intentado moverse como actor de mediación. Presentarla simplemente como “opuesta a Irán” sin explicar la competencia selectiva y la simultánea crítica a Israel conduce a error.
Qatar y Omán tampoco encajan en la lógica de bloque duro. Reuters ha descrito a Qatar como uno de los pocos puentes útiles entre Teherán y Washington y a Omán como mediador de conversaciones entre Estados Unidos e Irán. Por eso, meterlos sin más en una lista “con Israel” o “contra Irán” es metodológicamente malo. Son más bien actores bisagra, de mediación y preservación de canales.
Qué partes del esquema difundido son correctas
La idea de que Israel e Irán son los dos polos geoestratégicos más persistentes de la rivalidad regional sí es defendible. También lo es que la rivalidad actual incluye ataques directos, guerra por delegación y disputa sobre el programa nuclear iraní, la legitimidad de Israel y el orden regional. Igualmente es correcto afirmar que las redes de apoyo de Teherán incluyen Hezbolá, la Yihad Islámica Palestina, los hutíes y facciones iraquíes proiraníes, y que Egipto, Jordania, Emiratos y Bahréin mantienen relaciones diplomáticas o tratados con Israel.
Qué partes están mal, infladas o necesitan corrección
Decir que Arabia Saudí está “con Israel” es inexacto. Lo correcto es que comparte amenaza percibida frente a Irán, pero no ha reconocido a Israel y mantiene como condición la creación de un Estado palestino.
Decir que Turquía está “con Israel” es aún peor. Mantiene relaciones diplomáticas, sí, pero en la crisis actual ha condenado los ataques contra Irán y no puede clasificarse como parte del frente proisraelí.
Decir que todo Irak está con Irán o usar la bandera iraquí para resumir “milicias chiíes” es metodológicamente defectuoso. La realidad es que hay una mezcla de Estado, instituciones, partidos y milicias, y no todas responden de igual modo a Teherán.
Meter a Hamás sin matices en el mismo nivel de dependencia que Hezbolá tampoco es correcto. Irán apoya a Hamás, pero la relación no es tan lineal ni tan orgánica como la que mantiene con Hezbolá o, en general, con su estructura más fiel del Eje de la Resistencia.
Presentar a “facciones en Siria” como una categoría nítida y homogénea “contra Israel” o “con Irán” ya no describe bien el terreno actual, sobre todo tras la pérdida del régimen de Assad como plataforma regional iraní en 2024.
Formulación final correcta
La formulación geopolítica rigurosa no es “quién está con Israel y quién está con Irán” en sentido escolar, sino ésta:
Israel mantiene paz formal con Egipto y Jordania, relaciones normalizadas con Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, y convergencias parciales con otros Estados árabes frente a la amenaza iraní, pero esas convergencias no equivalen a una alianza regional homogénea. Irán, por su parte, conserva una red de poder regional asentada principalmente en actores no estatales o híbridos —sobre todo Hezbolá, la Yihad Islámica Palestina, los hutíes y facciones iraquíes proiraníes—, mientras que Hamás ocupa una posición de cooperación relevante pero menos lineal que la de Hezbolá. Arabia Saudí, Turquía, Qatar y Omán no deben colocarse sin matices en uno u otro bloque: son actores con agendas propias, grados variables de rivalidad con Irán y posiciones muy distintas respecto a Israel y Palestina.
Conclusión
La utilidad de una buena pieza geopolítica no consiste en repartir banderas como si el mapa regional fuera un diagrama escolar, sino en distinguir entre tratado, normalización, cooperación de seguridad, convergencia táctica, mediación, proxy y enemistad ideológica. En 2026, el eje regional no puede leerse como un simple “Israel contra Irán” con dos columnas cerradas. Debe leerse como una arquitectura desigual donde Israel está mejor insertado en el plano interestatal y donde Irán sigue siendo especialmente fuerte en la guerra por delegación. Esa diferencia es la clave.
Fuentes verificadas y DOI útiles
Fuentes oficiales y de referencia periodística
Acuerdos de Abraham, Departamento de Estado de EE. UU.:
Tratado de paz Israel-Jordania, Gobierno de Israel / texto oficial:
Tratado de paz Israel-Egipto, Ministerio de Exteriores / texto oficial:
Arabia Saudí y normalización con Israel condicionada al Estado palestino:
Relaciones diplomáticas de Egipto, Jordania, EAU y Turquía con Israel, y ausencia de reconocimiento saudí:
Condena turca de los ataques sobre Irán y papel mediador:
Qatar y Omán como mediadores o canales con Irán/EE. UU.:
Hezbolá, Yihad Islámica Palestina, hutíes y milicias iraquíes proiraníes:
DOI académicos
Relación Irán-Hezbolá y supervivencia de la alianza estado-proxy: 10.1177/2347797020906654.
Política iraní hacia los hutíes: 10.1111/1468-2346.12599.
Transformación de la relación Irán-hutíes durante la guerra de Yemen: 10.1080/1057610X.2021.1954353.
El “Axis of Resistance” y el orden regional en Oriente Medio: 10.1080/13530194.2023.2179975.
Normalización Israel-EAU y cambio regional tras los Acuerdos de Abraham: 10.22363/2313-0660-2024-24-1-40-50.
Durabilidad de los acuerdos de paz de Israel con Egipto y Jordania: 10.1111/mepo.70053 y 10.1080/13537121.2023.2206209.
DrRamonReyesMD









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