Esta fotografía fue tomada el 4 de noviembre de 1995, cuando el asesor de seguridad nacional de los Estados Unidos, Anthony Lake, informó al presidente Bill Clinton del asesinato del primer ministro israelí, Yitzhak Rabin.
Rabin acababa de asistir a una multitudinaria manifestación por la paz en Tel Aviv en apoyo a los Acuerdos de Oslo, los convenios destinados a establecer un camino hacia la paz entre israelíes y palestinos. Al salir de la manifestación y dirigirse a su coche, fue atacado a tiros por Yigal Amir, un extremista judío que se oponía fervientemente a la devolución de territorios y a cualquier negociación con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
El ataque fue un golpe personal para Clinton. Ambos habían forjado una estrecha alianza política durante el proceso de paz. En septiembre de 1993, Clinton se encontraba entre Rabin y el presidente de la OLP, Yasser Arafat, en el jardín de la Casa Blanca, cuando los dos líderes intercambiaron su histórico apretón de manos tras la firma del primer acuerdo de Oslo.
Tras enterarse del atentado, Clinton emitió un comunicado condenando el ataque. Una vez confirmada la muerte de Rabin, se dirigió al pueblo estadounidense y lo describió como un amigo y un valiente líder por la paz.
Dos días después, Clinton viajó a Jerusalén para el funeral, donde se unió a líderes de todo el mundo y pronunció un emotivo discurso fúnebre en honor al fallecido, resaltando su transformación de soldado a pacificador.
Clinton concluyó su discurso con las palabras hebreas “Shalom, haver” —“Adiós, amigo”—. Esta frase se convirtió en uno de los homenajes públicos más perdurables.
El frágil impulso hacia la paz se desvaneció, y en menos de un año, Benjamin Netanyahu llegó al poder con una postura mucho más escéptica respecto al proceso de Oslo.
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